viernes, 29 de febrero de 2008

La democracia en España y México



Ante la cercanía del 9 de marzo, fecha en que se celebrarán elecciones generales en España, vale la pena hacer algunos apuntes y reflexiones acerca de cómo ha sido el avance democrático en aquel país, a la vez que se pueden hacer ciertos matices y comparaciones con el caso mexicano.

Es evidente que España se encuentra inscrita en un orden político diferente al mexicano. La tradición parlamentaria europea se impuso en España, mientras que México ha tenido al sistema presidencialista de Estados Unidos como modelo a seguir. España comparte varios clivajes regionalistas en su conformación territorial y social, México se encuentra en un aletargado proceso de fortalecimiento del federalismo frente a una tendencia centralista. Tanto España como México han tenido en su historia política reciente un proceso de liberalización y democratización.

La transición española comienza con la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. A partir de ese momento se da un intenso proceso de cambios políticos, económicos y sociales. El rey Juan Carlos I tiene un papel importante al convertirse en un mediador entre las diferentes fuerzas que aspiraban al poder. En sí, el proceso de transición se desarrolló entre 1976 y diciembre de 1978, teniendo como base el consenso entre los distintos actores e intereses económicos, políticos y sociales, aún de lo más férreos opositores (el Ejército reconoce al Partido Comunista y éste renuncia a la exigencia de instituir la República). Los puntos clave de la transición fueron: a) aprobación del referéndum de la ley para la reforma política (diciembre de 1976); b) elecciones generales de 1977 (se integran las Cortes Constituyentes); c) pactos de la Moncloa en octubre de 1977: acuerdos políticos y socioeconómicos entre gobierno, partidos políticos, sindicatos y patrones para ser frente a la crisis económica y lograra un marco estable para la transición; d) aprobación en diciembre de 1978 por referéndum de la nueva Constitución, cuya elaboración fue la culminación de la lógica del acuerdo y el consenso que impulsó la transición en su conjunto; e) la nueva Constitución aporta un elemento innovador en la organización territorial del Estado, dándole autonomía a cada una de las partes en que se divide (comunidades autónomas).

En cambio en México la transición a la democracia ha tenido un periodo de tiempo más largo, y en consecuencia menos intenso. A diferencia del caso español en México no hay un consenso total en la fecha de inicio de la transición democrática (¿1968, 1977, 1988?) y aunque para unos somos democráticos desde el año 2000, para muchos otros ese objetivo todavía no se alcanza. Es decir, nuestra transición democrática carece de programa y de objetivos, síntoma de la falta de acuerdo y capacidades de nuestra clase política. La democracia, como pacto político no viaja sola, tiene que ser acompañada, como lo vieron los españoles en su momento, por la estabilidad económica y social.

Incluso las instituciones y reglas democráticas que tanto se habían pulido tuvieron una dramática prueba de fuego no del todo bien librada, la elección presidencial del año 2006, donde las condiciones de la campaña llevaron a quien punteaba desde un año atrás las encuestas a perder la elección con una raquítica y cuestionable diferencia. Esta situación nos llevó nuevamente a revisar las reglas del juego, y no todos han quedado satisfechos con los cambios que se hicieron.

En España no se han dado estas situaciones, el poder lo ha tenido el partido de derecha como el de izquierda. Los actores respetan las reglas del juego, y aunque sí han existido momentos críticos como las consecuencias y provecho político que tuvieron los atentados del 11 de marzo del 2004, precisamente antes de la elección; nunca se ha dicho que España no sea democrática o que las elecciones estén arregladas. El curso político con todas y sus vicisitudes transcurren en canales que no llevan a la crisis de las instituciones.

Al ver las discusiones y debates entre Mariano Rajoy, del Partido Popular, y el actual presidente José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español, se tiene la sensación de que hay un brío político que en México aún no podemos alcanzar. Las discusiones son sobre propuestas claras y datos duros. Y a su vez, la palabra dada en campaña es recordada y exigida en su cumplimento cuando se llega al gobierno. No obstante, es de lamentar la presencia de la campaña de miedo en el proceso electoral español, campaña que tan efectiva le fue a Felipe Calderón. Mariano Rajoy contrató precisamente al asesor que llevó a Calderón al «triunfo» de la presidencia: Antonio Sola. Las palabras miedo y peligro son repetidas en el discurso del candidato de la derecha desde que Sola dirige la campaña.

Cuando faltaban días para celebrarse las elecciones del 2006, la mayoría de las encuestas daban como ganador a López Obrador, y perdió la elección. Hasta el momento todas las encuestas que se pueden consultar dan como ganador a Rodríguez Zapatero. Sería interesante ver, en caso de que pasara, como resuelven las instituciones electorales y políticas españolas un escenario parecido al mexicano.

Publicado en diario Aguas (28/2/2008)

sábado, 23 de febrero de 2008

Blogs

Confabulario, el suplemento cultural del periódico El Universal, publicó la semana pasada un artículo de Sarah Boxer, columnista de The New York Times. El artículo hace una excelente reflexión y crítica del fenómeno de los blogs. Cayendo irremediablemente en una típica práctica blogera, les comparto la dirección en internet del artículo: http://www.eluniversal.com.mx/graficos/confabulario/febrero-16-08.htm

jueves, 21 de febrero de 2008

Los gritos en Cuba



Fidel Castro es un líder latinoamericano de altos contrastes: mantuvo a su país en una posición honrosa -diplomáticamente hablando-, frente a los embates de todo tipo de la nación más poderosa del mundo. Países que están prácticamente al otro lado del mundo, como Irak, han caído frente al poder norteamericano. Sin embargo, la isla cubana estando a 145 kilómetros de Florida no ha sido doblegada. De igual manera, el sistema de salud y educativo cubano son elogiados por ser de los mejores del mundo. La otra cara de la moneda es el problema con las libertades sociales, económicas y políticas.

El líder Fidel Castro anunció este martes: «Les comunico que no aspiraré ni aceptaré -repito- no aspiraré ni aceptaré el cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe». Con estas palabras publicadas en el diario oficial Granma, Fidel Castro finaliza una etapa de 49 años como gobernante de Cuba, pero no deja el poder, ni encamina al país hacia una verdadera democracia.

No hay ningún sobresalto social y político que preocupe al régimen cubano. La renuncia de Castro está cuidadosamente planeada. Hay que recordar que el momento de verdadera sorpresa fue hace 19 meses cuando por afectaciones de salud tuvo que dejar a su hermano Raúl Castro Ruz, provisionalmente, al frente del gobierno. Desde aquel momento se empezó a trabajar en lo que iba a pasar con Cuba después de Castro. El «compañero Castro», como quiere que ahora se le llame, no ha sido derrocado y ni ha muerto en el poder como otros dictadores; seguir vivo y no estar frente al poder implica varios retos para el sistema cubano.

Es evidente, por tanto, que Cuba no se encaminará por lo pronto hacia una transición democrática; la decisión que tomará la Asamblea Nacional del Poder Popular será designar como presidente del Consejo de Estado a Raúl Castro, o tal vez algún otro funcionario joven que continúe con las mismas políticas de gobierno.

El sistema político cubano funciona en el sentido que se han generado una serie de cuadros que pueden mantener el estado de las cosas sin la necesidad de que Fidel Castro dicte las instrucciones. Es cierto, las instituciones cubanas no dependen ya de un solo hombre, dependen de la pequeña élite que, como todas en el mundo, se han enquistado en los órganos de gobierno y difícilmente dejarán el poder.

¿Qué posibilidades de cambio real existen? Es probable que Cuba se encamine a una gradual liberación económica antes que política. Lo ideal es que caminaran a la par, pero es pedirle demasiado a la clase política cubana. En este escenario se prevé que los únicos que tienen el derecho y están obligados a impulsar el cambio son los cubanos. George Bush y demás entusiastas en Miami y en el resto de mundo deben respetar la soberanía de aquel país. Cualquier salida violenta debe ser censurada de inmediato.

Indicios de un incipiente reclamo de libertades es lo que se logró ver mediante un video clandestino entregado a la BBC de Londres; las imágenes muestran a representantes de estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas de Cuba, que cuestionaban duramente la política del gobierno en una reunión con el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón: "¿Por qué el pueblo de Cuba no cuenta con la posibilidad viable de ir a hoteles o viajar a distintos lugares del mundo?" La pregunta la hizo el estudiante Eliécer Ávila. La respuesta a esta pregunta tan básica, que atañe a elementos sustanciales de la libertad de cualquier ser humano, fue torpemente respondida por el jefe de la Asamblea: «En el mundo real no todos pueden viajar porque se necesitan recursos». Creo que ha nadie puede dejar satisfecha esta repuesta. El estudiante indagaba acerca de la libertad; el político cubano se fue por la tangente.

Para tratar de entender la situación de muchos cubanos, cito una declaración que dio el escritor Reinaldo Arenas cuando recién llegó a Florida: «La diferencia entre el sistema comunista y el capitalista es que, aunque los dos nos dan una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista te le dan y uno puede gritar; yo vine aquí a gritar». ¿Cuántos cubanos se aguantan las ganas de gritar la renuncia de Castro?
Publicado en el diario Aguas (21/2/2008)
Imagen: Carlos Luján, Nophoto.

jueves, 14 de febrero de 2008

El árbitro electoral



Es evidente que la democracia en México no está consolidada y no está en uno de sus mejores momentos. La larga marcha hacia la democracia que se inició con las reforma electoral de 1977 no ha concluido. La Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales fue producto de la crisis derivada de la elección presidencial de 1976, proceso donde sólo hubo una opción para votar. De ahí la élite política tuvo que empezar a modificar las reglas del juego para que la democracia fuera real y no sólo aparente.

A partir de aquella gran reforma que encabezó don Jesús Reyes Heroles, se fueron perfeccionando los mecanismos democráticos; la gran divisa ha sido siempre el dotar de confianza y, por tanto, de credibilidad a los procesos electorales; esto implica evidentemente la búsqueda de imparcialidad de la autoridades electorales y asimismo que los procedimientos para elegir gobernantes sean claros e incontrovertibles.

¿Cómo lograr entonces que el árbitro electoral sea imparcial y dé certeza al proceso electoral? La mejor forma es que sean los propios ciudadanos y no los partidos políticos, ni el gobierno, los responsables de esta tarea, porque difícilmente garantizarían la imparcialidad y sobre todo la confianza de los resultados.

La creación de instituciones y procedimientos confiables ha sido gradual y en momentos demasiado lentos. Esto es notorio porque no se volvieron a tocar de manera sustancial las reglas electorales hasta que no hubo una nueva crisis política derivada de otro conflicto electoral: las desaseadas elecciones de 1988 y la crisis política que generó llevó consigo que nuevamente se modificaran las reglas del juego. En 1990 se da rango constitucional al instituto encargado de organizar las elecciones, se crea entonces el Instituto Federal Electoral (IFE) y el respectivo Código Federal Electoral de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe). Sin embargo, el nuevo IFE tenía un defecto, el Consejo era presidido por el secretario de Gobernación y los representantes de los partidos tenían voz y voto. La gran novedad es que se le había dado entrada a ciudadanos a la integración del Consejo, se les llamó consejeros magistrados y eran propuestos por el presidente de la república y la Cámara de Diputados los aprobaba, pero era evidente que el organismo no gozaba de plena imparcialidad y confianza.

En 1994 se da otro paso, se les quita el voto a los representantes de partido, los consejeros ya no son propuestos por el presidente sino por los diputados, pero la presencia del ejecutivo continua vía el secretario de Gobernación quien sigue presidiendo al Consejo.

Esto se solucionó con la reforma de 1996, se determinó que quienes integran el Consejo General serán ciudadanos, representantes del poder legislativo y representantes de los partidos políticos, siendo los únicos con voto los consejeros ciudadanos. Se puede afirmar que esta reforma pone al país en una nueva etapa de consolidación democrática, pues quienes organizan las elecciones son ciudadanos y ya no más el gobierno.

De esta reforma surge el Consejo que dirigió el maestro José Woldenberg, quien supo darle el peso y las dimensiones que todos querían ver en el órgano que tiene la tarea básica de traducir el voto ciudadano en poder. Hubo por primera vez confianza e imparcialidad.

La última reforma electoral, que tiene su origen nuevamente en una crisis poselectoral, determinó que los consejeros que se eligieron en octubre de 2003 salieran de manera escalonada, empezando por el consejero presidente Luis Carlos Ugalde y dos consejeros más. ¿Por qué se dio esta situación? Tuvo que ver lo cerrado de los resultados, pero más que esto fueron las condiciones en que se dio la campaña electoral. Hubo fuerzas extrañas en el proceso que influyeron negativamente en éste: la clara intervención del presidente de la república a favor de su candidato y de un grupo de empresarios que denostó a un candidato de la oposición; así como la utilización de propaganda negra que quitó lo honroso que tiene la lucha electoral (no se debatieron ideas sino improperios). En estas dos únicas situaciones que se mencionan el Consejo General del IFE no hizo nada.

El nuevo consejero presidente, que por naturaleza lleva todo el peso de la institución, sin demérito de los demás integrantes, tiene el gran reto de devolverle la credibilidad al proceso electoral que es fundamental para que la gente crea en la democracia. Todos los indicadores sobre el aprecio que tiene la gente en la democracia, y varios de ellos se han expuesto en este espacio, han bajado.

Algo que se debe mejorar evidentemente es el mecanismo de elección de los consejeros, pues a pesar de que se abrió el proceso a los ciudadanos en general, sigue causando suspicacias en muchos sectores de la sociedad el hecho de que a final de cuentas sean los partidos políticos los que deciden a quién poner. El ideal es que quien integre un órgano de esa naturaleza sea un experto en temas electorales, con experiencia en organizar elecciones, con un alto reconocimiento social y que los partidos políticos confíen en el ciudadano.

Existen más de una figura con las características señaladas. El problema radica entonces en los criterios políticos que pesan de último momento, pues no hay que olvidar que deben ser dos terceras partes de la Cámara de Diputados la que se requiere para elegir a los consejeros, lo que obliga a que se hagan negociaciones con otros partidos para lograr esa mayoría, además de que por la naturaleza del encargo se requiere que todos las fuerzas políticas estén de acuerdo; de lo contrario se propicia una desconfianza de origen.

Con todo ello el resultado de las designaciones deja un saldo positivo, mucho más positivo de lo que fue en el 2003. Al parecer no sólo las tres principales fuerzas políticas, sino que los otros cinco partidos, apoyaron las designaciones. El nuevo consejero presidente, el doctor Leonardo Valdés Zurita, es un académico reconocido que participó en la fundación y dirección de la primera organización preocupada en estudiar los fenómenos electorales: la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales; en la Universidad Autónoma Metropolitana creó el Centro de Estadística y Documentación Electoral; fue director de organización electoral del IFE; y consejero ciudadano del Instituto Electoral del Distrito Federal. El perfil del doctor Valdés Zurita garantiza un desempeño profesional que será puesto a prueba por lo complicado que se han vuelto los procesos electorales en México. Por lo pronto se ha puesto al frente a alguien que puede regresarle el prestigio y la confianza al IFE que se había erosionado peligrosamente en los últimos años.

Imagen: Jaqueline con las manos cruzadas (1954), Pablo Picasso.
Publicado en el diario Aguas (14/2/2008).

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