jueves, 18 de septiembre de 2008

La independencia no celebrada

El contexto actual de violencia por el cual está pasando todo el país, y en particular nuestro estado, es meritorio de varias reflexiones. La escalada de violencia es un fenómeno que influye en los diferentes procesos sociales y políticos. Y aún más, está afectando al sentido mismo de lo que se considera el Estado. Pues de manera breve se puede afirmar que el gobierno debe de garantizar a lo menos dos cosas a los ciudadanos: la propiedad privada y la vida misma (y ya parece demasiado enlistar el vivir dignamente como una obligación más del gobierno).

Recientemente un grupo de ciudadanos se dieron a la tarea de organizar una marcha que tuvo un éxito relativo: mediáticamente consiguió que hubiera un generalizado llamado de atención a las autoridades para exigirles que cumplan con su obligación de garantizar seguridad, pero, con todo y Acuerdos Nacionales y demás papeles firmados y discursos (palabrería) no ha pasado nada. Todo sigue igual o tal vez peor.

El llamado de Iluminemos México a las autoridades de renunciar al cargo si se ven imposibilitados de hacer las tareas básicas de seguridad ha pasado de noche. Dejar el poder por incapacidad no es una opción para las autoridades, seguir haciendo las cosas mal, sí. Ejecutivos, legisladores o jueces, la clase gobernante tiene bastantes retos atrasados. Un indicador básico que nos dice que nuestra democracia es solamente electoral es éste: se otorga el poder en una jornada de participación ciudadana, pero la ciudadanía es desacreditada si quiere enmendar una mala decisión de gobernantes.

Recientemente el Grupo de Economistas y Asociados e Investigaciones Sociales Aplicadas SC (GEA-ISA), han publicado el resultado de un ejercicio de medición de opinión pública en el que se preguntan entre otras cosas el problema de la seguridad. Para el caso del narcotráfico sólo el 38% cree que el presidente de la república está teniendo éxito, y en cuanto al problema de la inseguridad, sólo dos de cada diez encuestados afirmó que lo está haciendo muy bien. Hay que tomar en cuenta que la encuesta fue levantada a finales de agosto y no registra el sentir de la gente sobre los últimos acontecimientos.

Previo al acostumbrado grito de independencia existieron distintas voces que intentaron boicotear dicho evento, el argumento rescatable era un cuestionamiento acerca de si en realidad había un motivo de celebración y con ello se relativizaba el sentido de autonomía y libertad que supuestamente tenemos los ciudadanos. Hasta donde sé la gente no dejo de atiborrar las diferentes plazas públicas donde se llevaría esta ceremonia del poder publico en México. El problema en todo caso es que al parecer, el narcotráfico, los grupos delictivos, no se cansan de desafiar al Estado mexicano y han perpetrado verdaderos actos de terrorismo al lanzar artefactos explosivos a la gente inocente que festejaba el grito en la plaza Melchor Ocampo, de Morelia, Michoacán. El saldo son siete muertos, más de un centenar heridos y una sociedad que se encuentra de tiempo atrás desprotegida.

En Aguascalientes por fortuna no tuvimos una manifestación de violencia tan masiva, pero el mismo martes 16 por la noche presuntos sicarios mataron a tres agentes federales e hirieron a siete más. Las autoridades lograron captura a uno de los sicarios, pero no gracias a la eficacia de sus tácticas de persecución sino por la accidental volcadura del delincuente, quien por cierto era un policía municipal de la capital del estado.

La pregunta que nos debemos hacer es ¿qué más sigue? ¿Ya pasó lo peor o esto apenas comienza?

El proceso electoral inicia el próximo mes de octubre. El periodo electoral se caracteriza por una mayor cautela de los gobernantes en no realizar acciones o cometer errores que le resten apoyo electoral. Bajo el aspecto de la seguridad todas las fuerzas políticas están iniciando de cero, no creo que haya alguna que pueda levantar la mano y diga, presuma, que está haciendo bien las cosas. Y si lo dice no creo que haya quien se los crea.

Será interesante el proceso electoral del 2009 no sólo por la carga de competitividad entre las diferentes fuerzas políticas. Sino porque habrá una ciudadanía que tolera cada vez menos los errores y el incumplimiento de promesas. Pedir renuncias y revocación de mandato suena exagerado, y algunos hablan hasta de golpismo, pero dejar que los delincuentes siembren el terror entre la ciudadanía no tiene nombre. La independencia, como orgullo de un pueblo que ha logrado su objetivo de vivir y prosperar tranquilamente, no se puede celebrar.

Publicadao en diario Aguas, 18 de agosto de 2008.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El segundo informe

El sistema político mexicano ha sufrido cambios en su composición. El elemento que antes era el eje indiscutible por el cual el mecanismo del poder público funcionaba ha cambiado. El presidente de la república sigue siendo fundamental para el sistema pero tiene problemas para encontrar una nueva identidad que le dé no sólo sentido sino un mejor funcionamiento al régimen político. Para decirlo en una frase: se quiere ser democrático con las mismas prácticas autoritarias del pasado. El propósito de toda transición pacifica hacia la democracia es sacudirse esas prácticas sin tensar la gobernabilidad. En este sentido las habilidades de nuestra clase política son puestas a prueba constantemente sin tener los mejores resultados.

El fondo del asunto es que quienes dirigen las instituciones políticas mexicanas tienen verdaderos problemas para llevar, mediante prácticas democráticas, a una gobernabilidad aceptable.
La ausencia del presidente Felipe de Jesús ante el Congreso para rendir su informe responde a las modificaciones hechas a los artículos 69 y 93 de la Constitución Política. Estas modificaciones hacen ya improcedente que el titular del poder ejecutivo rinda su informe de manera verbal y dar un mensaje político en el Congreso de la Unión. En lugar de ello el presidente sólo debe de entregar por escrito el informe y sus funcionarios estarán obligados a presentarse ante los legisladores para resolver dudas. Un detalle importante en esto último es que estarán los funcionarios jurados a decir verdad, y aunque no está aún reglamentado, tendrán sanciones si mienten. Las modificaciones en todo caso llevan el ritual del informe de un terreno mitificador del poder presidencial a uno más terrenal, de una verdadera rendición de cuentas.

Algo que también hay que señalar es que el presidente Calderón desde el primer informe había exhortado a los legisladores a diseñar un esquema donde se pudiera entablar un diálogo abierto, un debate, entre poderes. Esta propuesta de informe ya había sido expuesta por los partidos de oposición en otros contextos, pero ahora no se ha avanzado en este sentido. Pesa todavía el problema de legitimidad del presidente y el Congreso ha sido por diferentes motivos vedado a Felipe Calderón.

En todo caso se avanza en el sentido de dejar en definitiva un espectáculo mediático inútil, que sólo servía en términos del folclor que provee la trivialización de la política. Se gana por el avance en la rendición de cuentas (aunque hay que insistir que no está del todo reglamentado) y se pierde porque no se logra mejorar la comunicación entre poderes.

En este contexto habría que preguntarnos la funcionalidad del modelo que adoptó el presidente para informar sobre su segundo año de gestión. El texto está a disposición para el público en general en la página de Internet de la presidencia, en versiones ejecutivas (resumen) y completa. Cabe decir que ambas versiones no sirven de mucho, pues continúan con el problema de seguir con un discurso amplio y difuso, que cae más del lado de lo que quiere ver el funcionario y no lo que está pasando en la realidad. Se cae en el abuso de cuantificar pensando que con ello se le da objetividad y transparencia a las actividades, y lo que realmente falta es una medición que sí cuantifique pero que a la vez haga diagnóstico de lo efectivo de las acciones. Por ejemplo, en el apartado sobre fortalecimiento democrático se habla de cientos de reuniones para evitar conflictos, pero nunca se habla de su efectividad.

Es verdad que con unos cuantos párrafos y hojas no se puede ser del todo justo para evaluar y conocer la actividad que realizan cientos de funcionarios, lo que sorprende en todo caso es que no puedan armar un informe que realmente haga conciencia en el lector o escucha de la situación por la que pasa el país. Creo que ya nadie espera y puede creer que el país va por buen camino. En lo personal esperaría de las autoridades más que un informe, una diagnóstico frío para poder actuar en consecuencia. A final de cuentas el presidente de la república es un líder que debe de guiar al país, y ante nubarrones que todos vemos no podemos creer que en un informe se nos diga que hay un día despejado. Y ya ni hablar de los mensajes mediáticos en los cuales se intenta informar de los logros del presidente. El provecho político de estos espacios es evidente.

Lo que sigue son las comparecencias de los diferentes secretarios de Estado, a ellos no se les retiro esta oportunidad de informar y defender su trabajo frente a los legisladores. Esperemos que se aproveche la oportunidad para que se diga algo más que las buenas intenciones de los funcionarios y se honre la verdad.


Publicado en diario Aguas.

martes, 2 de septiembre de 2008

Felipe San José, faro de mundos posibles

Ángela Piedad
Escribo este retrato del maestro San José desde mi condición de proscrita de los salones de clases de la universidad en la que él da clases, soy fugitiva de las clases de letras de esa universidad. Lo soy porque él tuvo a bien echarme de ahí, me corrió. Y nunca dejaré de agradecérselo.

Una mañana de enero, en el umbral entre un semestre y otro, me pidió que fuera a su cubículo. Estando ahí me miró a los ojos y me preguntó por qué no era ya la misma en las clases; ahí, ante él, después de meses de preguntármelo yo también, acepté que definitivamente odiaba estudiar letras, lo cual era un descubrimiento horrible. Me apasiona la literatura como nada más en el mundo, no imagino mi vida sin ella, y sin embargo, odiaba la carrera. Le dije que lo que yo quería era escribir y nada más. Me dijo que ya no fuera, que no volviera, que me pusiera a escribir y ya. Sonó tan fácil entonces, tan lógico. Recibí sus palabras como una sentencia. Salí de su cubículo impresionada, temblorosa, con estupor y agradecimiento, con la mente clara, con las alas desamarradas y con una sensación de tranquilidad que no había conocido antes. Una descarga eléctrica me convulsionaba la mente mientras caminaba por los jardines de la universidad, fría y desolada en esos días de invierno. Salí de ahí para no volver en mucho tiempo. Volví años después sólo a buscarlo para pedirle que me dejara estar en una clase suya, que me dejara volver a escucharlo, pero llegué tarde. Las clases de ese semestre habían llegado a su fin, tendría que esperar todo el verano, ¡Qué tristeza! ¡Qué lamentable!

Pero quizá fue mejor así, quizá sea mejor guardar el recuerdo de aquellos días en que asistí a las aulas cuando sus clases eran uno de los espacios de libertad más grandes que he pisado, donde voluntad y amor eran los motivos que nos hacían estar ahí escuchándolo. Cuando en esa institución la libre cátedra más que simplemente existir, me aventuro a decir, alcanzó su máxima expresión.

Su clase era la primera que tenía por la mañana, no muy temprano, porque en su opinión hacer cualquier cosa antes de las diez es pecaminoso, práctica que la mayoría de mis compañeros agradecían. El ritual iniciaba desde que se acercaba al salón. Llegaba con la tranquilidad propia de quien ha visto más tempestades que la mayoría, con su guayabera en primavera o una chamarra negra y boina en otoño. Un libro grueso bajo el brazo y una taza de café humeante. Saludaba a todos al entrar y movía el escritorio hacia el centro donde todos lo viéramos por igual. Se sentaba, daba un sorbo a la taza, encendía un cigarrillo, soplaba una gran bocanada que momentáneamente lo cubría casi por completo y detrás del humo empezaba a leer, su voz salía por detrás de esa nube que hacía parecer que estábamos presenciando el acto de hechicería de un brujo. Hablaba y echaba a andar los engranes de otros mundos, abría las puertas a mundos posibles, mundos de tinta y papel. Leía para todos con esa voz ajada pero sonora y penetrante para darle vida al Cid o a Melibea, para echar a cabalgar a Don Quijote.

Algunas veces, entre los cubículos del departamento escuchaba decir a algún otro profesor envidioso que «el maestro San José no era buen maestro porque sólo nos leía» y ¿Qué otra cosa es la literatura? Él nos enseñaba la verdadera alquimia de ella. Porque eso es el arte, es evento. Nada es Don Quijote sin la mirada del lector, nada es El Cid sin la voz del que abre el libro y nos lee los versos, no existe la literatura encerrada en tomos empolvados en una biblioteca. Existe sólo en la lectura, sólo en el tiempo efímero de la lectura, en ese contacto con el lector, con el destinatario. Existe la música cuando los sonidos se esparcen en el aire,existen Las hilanderas de Velazquez cuando alguien hilvana su mirada hacia el cuadro. Nada es el arte sin ese eventual contacto con los espectadores. Eso hacía él: hacernos destinatarios. Su clase era evento, era presencia, era vida.

En lugar de platicarnos las teorías al respecto, en lugar de repetir un prólogo,de hacer comentarios sobre las obras, te ponía de frente a ellos sin prejuicios, sin rodeos, sin trabas, sin contaminaciones, sin preámbulos rebuscados. Te tomaba de la mano y te metía en la obra para que la hicieras tuya, para que tú decidieras. Sabía conjugar pensamiento y emoción. Estaba más allá de los complejos de los estudios literarios, que cuando se quieren empeñar en convertirse en «ciencia», cuado quieren convertir a la literatura en objeto de estudio como de laboratorio, sólo se ponen en ridículo. Él, en cambio, está siempre contra esa química a veces capaz de producir tantas aberraciones y se pone del lado de la alquimia. Después de las demás clases llegaba él a regresarte al ansiado pozo del desorden. Nos desasnaba a todos con una tremenda ligereza, pero nos dejaba siempre la dosis de ignorancia, de misterio necesaria para seguir amando nuestra carrera. Nos dejaba esa imprescindible dosis de ceguera para no desencantarnos, para que la fascinación por el arte no se esfumara.

Y como nada permanece en el mismo punto, asistí a una época en que la represión y la intolerancia fue permeando la vida cotidiana de la universidad, cada vez se iba respirando un aire más denso, más emponzoñado. La era de la libertad y plenitud había terminado. Él se mantuvo triunfal por algún tiempo haciendo mofa y parodia de los discursos y las reformas de las autoridades. Su clase era una hazaña cotidiana, él oponía resistencia ante esas necedades. Pretender que fuera niñera, por ejemplo, cuidar que todos los alumnos estuvieran en el salón, cuando su emblema había sido siempre el no pasar lista, porque daba por sentado que sus alumnos eran adultos y que estábamos ahí porque así lo habíamos decidido. Recuerdo también cuando le exigieron que aplicara exámenes, y dijo: ¿Y qué lesvoy a preguntar? ¿Qué canto de La Comedia es mejor? ¿Según quién? Con el tono y la sonrisa de un bufón ridiculizaba lo que las autoridades decían haciéndolesperder todo poder. Era capaz de derribar cualquier argumento de la autoridad. Él era emblema de rebeldía, rebeldía inteligente.

Pero me han llegado vientos con la noticia de que la cuerda está por reventarse, que como la historia nos ha reseñado, siempre estamos a la merced de los caprichos de hombres locos, acomplejados o estúpidos y, al parecer, y no me extraña, él no está dispuesto a cumplir con alguna sentencia estúpida o caprichosa, así que dejará de ser ese faro para los estudiantes, faro de mundos de tinta y papel.

Para mí el maestro San José fue siempre un regalo. Después de las clases de teorías en las que me sentía tan vacía, porque mientras más teorías conocía, mientras más de un teórico francés o alemán leía más lejos me sentía de la literatura, y aunque llegaba él a devolverme el necesitado y ansiado poder lúdico de las palabras hubo un momento en el que pequé de excesos de teoría, pequé al querer desvelar ese misterio que hace al arte y el castigo a mi engolosinameinto fue grande, fue un hartazgo que me hizo odiarla y lo mejor que alguien pudo hacer por mí, fue lo que él hizo: decirme que me fuera, darme el respiro que necesitaba para volver a disfrutarlo, y ahora, este párrafo lo escribe esta exiliada que desde El Exconvento de Valenciana, en Guanajuato, le dice que después de tenerlo como maestro ha quedado inhabilitada para escuchar a cualquier otro. Cualquiera que lo haya tenido por maestro deberá estar inhabilitado para escuchar cualquier otra voz.

Publicado en el diario
Aguas, 1 de septiembre de 2008.

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