viernes, 3 de octubre de 2008

40 años de ser jóvenes



Precisamente el día de hoy, 2 de octubre, se cumplen 40 años del movimiento estudiantil y de su fatal desenlace. No han sido suficientes cuatro décadas y el cambio de partido en el poder para que tengamos, ya no digo justicia, sino una mayor certeza de lo que pasó en aquellos días. En todo caso, el 2 de octubre es una constante enseñanza de lo que puede hacer la sociedad civil y de los peligros de la intolerancia de quienes tienen el poder.
El movimiento político encabezado por estudiantes fue producto de una sociedad que estaba en plena transformación, era natural que un grupo social con una mayor educación y sensibilidad se diera a la tarea de exigir mayores libertades y anulación de la represión para quienes no congeniaban con el gobierno. La elite política simplemente no supo darle una salida institucional, democrática y pacífica a las demandas de los estudiantes. La respuesta fue la más equivoca y violenta: la eliminación del otro. La idea de que detrás del movimiento estudiantil estaba una conspiración para hacer caer al presidente Gustavo Díaz Ordaz y tomar el poder mediante la violencia era y es la peor de las justificaciones para el derramamiento de sangre.
El primer gobierno de oposición, de extracción panista, no aprovecho su oportunidad de hacer un poco de justicia y de revisar de manera adecuada ese episodio de nuestra historia reciente. No resalto el ánimo de venganza, que con ello jamás se repondrá el daño, sino de tener una mayor certidumbre de lo que realmente pasó y de la responsabilidad que tuvo el gobierno de aquellos días. Una sociedad no puede seguir avanzando sino cierra este tipo de episodios, no hacerlo implica dejar muchas interrogantes que no dejan en paz a una sociedad que quiere mejorar y madurar en lo político.
Pues nada, aún viven personajes directamente relacionados con aquellos hechos y que no muestran el menor de los remordimientos, al parecer se siguen sintiendo protegidos por el poder. La última entrevista hecha a Luis Echeverría Álvarez por Rogelio Cárdenas da cuenta de ello; el señor no se arrepiente de nada y califica al movimiento de manera negativa y despectiva.
Ahora bien, en contraparte, la nueve generación de jóvenes, la nacida a finales de los setenta y principios de los ochenta, se caracteriza por contrastes en cuanto a su actuación en la dimensión política. Los jóvenes mexicanos son el grupo social más numeroso, y eso se palpa en la conformación del padrón electoral, el grupo que va de los 18 a 29 años de edad conforman el 29.72% de quienes pueden participar en una elección. También existe un mayor número de jóvenes cursando estudios universitarios. No obstante ello, los jóvenes ha tenido un proceso de socialización política que los ha hecho menos interesado en participar en la toma de decisiones: baja afluencia a las urnas en los procesos electorales, poco organizados y desinteresados por los problemas de los demás. La última encuesta nacional de juventud los describe de manera sintética como egoístas y utilitaristas.
Las comparaciones siempre son difíciles y criticables. Pero aquellos jóvenes del 68 siguen estando a la vanguardia, el país los miraba y los mira ahora con admiración pero ha sido incapaz la sociedad, y los jóvenes de hoy, de ponerse a su altura. La juventud de principios de siglo tienen muchos retos: educarse, encontrar un empelo digno, sobrevivir en una palabra, pero además mejorar las condiciones de vida en las que les está tocando vivir. Son muchos retos para un grupo de jóvenes que de manera mayoritaria prefieren ver música en la televisión, divertirse sin sentido, y ver hacia otro lado o seguir simplemente el camino que los padres ya les marcaron. Desde hace tiempo la palabra juventud ha perdido su contenido de rebeldía.
La política para los jóvenes está llena de descrédito y es un espacio que prefieren dejar reservado para el mundo adulto. El mercado en contraparte llena el espacio que deja la política: entretenimiento, cine, televisión, música desechable, ropa, tecnología para el ocio y no para la formación es el lugar que los jóvenes prefieren habitar. La opinión, la discusión de las ideas, no es promovida ni ocupada por nadie, incluso muchas universidades han renunciado casi por completo a brindarles esta formación a sus estudiantes.
Por ver el problema localmente, en Aguascalientes desde hace tiempo no se ve un solo movimiento que esté organizado por jóvenes para demandar solución a problemas que los aquejan, como la falta de trabajo, educación de calidad, seguridad. En todo caso las demandas de los jóvenes son encapsuladas por el gobierno y los partidos políticos para de esa manera sacarles el debido provecho electoral y prevenir cualquier desavenencia futura.
El movimiento de aquellos jóvenes de 1968 fue un primer impulso para cambiar el régimen político. Claro que la transformación no se dio de manera inmediata, pero si fue una antecedente que supo marcar el camino por la que el país tenía que pasar. La herencia del movimiento estudiantil de 1968 es la enseñanza y el ejemplo de que la sociedad civil puede ser el factor de cambio real.


Publicado en periódico Aguas (2 de octubre de 2008).

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