martes, 17 de noviembre de 2009

Presentación Comportamiento Electoral en Aguascalientes, 2007




Les invitamos a la presentación del libro Comportamiento Electoral en Aguascalientes: Elección 2007, escrito por nuestro compañero Jesús Aguilar López y editado por el Instituto Estatal Electoral. Participarán como comentaristas el maestro Ricardo Vázquez Flores y el maestro Alex Ricardo Caldera Ortega.

La cita es el miércoles 18 de noviembre de 2009, a partir de las 18 horas, en el Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes (Juan de Montoro 215, Zona Centro).

Quienes no puedan estar en el lugar del evento, pueden seguir la transmisión en línea, en el canal del Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes: http://www.livestream.com/cesaac

lunes, 17 de agosto de 2009

Primer aniversario CESA AC




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Con motivo de la celebración del primer aniversario, del Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes AC, les invitamos a la conferencia magistral que impartirá el doctor Raúl Trejo Delabre, bajo el título “Retos de México en las relaciones entre sociedad, política y medios de comunicación“.

Viernes 28 de agosto de 2009, 12 horas, Museo Ferrocarrilero (Av. Alameda 301, Barrio de la Estación, Aguascalientes).

jueves, 13 de agosto de 2009

Primer aniversario

Hace algunos meses escuché decir a un empresario la siguiente afirmación: “los únicos que producen riqueza en este país son los empresarios”. Mi carácter no me permitió interrumpir en ese momento el convivio para hacer notar el error de esa idea, o bien, preguntar que estaba entendiendo por empresarios y riqueza, y si ya había hecho un estudio para confirmar su hipótesis. Es cierto, los empresarios producen riqueza en este país, y en todo el mundo, los empresarios ven en su actividad siempre la idea de lucro, obtener una ganancia por el producto o servicio que ofrecen. Pero creo que deben hacerse varios matices a la afirmación, pues de lo contrario parecería que la única actividad en la vida que pudiera valer la pena es la de obtener dinero, “riqueza”.

La afirmación tajante de que los empresarios son lo únicos que producen riqueza me hizo pensar en mi propia profesión, a lo que me dedico: ¿Los investigadores en ciencias sociales no producen riqueza? ¿Somos improductivos y un lastre para nuestra sociedad? ¿El gobierno sólo debería de financiar a proyectos de empresarios? Las tres preguntas reciben un no como respuesta. La investigación en ciencias sociales es productiva y útil, no genera riqueza como las personas dedicadas a los negocios lo conciben, sino que es otra forma de observar y entender estos procesos.

Por ejemplo, un sociólogo nunca le dirá a un empresario como ser más productivo, o qué precio poner a sus mercancías o que ofertas debe ofrecer en épocas navideñas; ese es trabajo de otras profesiones. Lo que le ofrece un sociólogo es una explicación de los diferentes procesos sociales que se presentan en la población con la que interactúa su empresa: el impacto de la tecnología en la vida de los obreros al intentar hacer más productiva la empresa, las implicaciones culturales del consumo de sus productos y un largo etcétera. Si se quiere se puede tomar esas explicaciones para tomar decisiones, pero no es el fin último del sociólogo, del científico social. El fin es encontrar problemas, estudiarlos y tratar de entenderlos, si se busca un beneficio directo, tangible, económico, de lucro, se estaría pervirtiendo la ciencia. Es como pasa con las ciencias exactas, el científico descubre algo y el técnico, otros, le encontraran el sentido práctico.

¿Cuántas investigaciones en el campo de la ciencias sociales se están realizando en México, en Aguascalientes? Globalmente muy poca. Se dejan de pasar infinidad de fenómenos sociales de todo tipo sin la mínima indagación de los hechos. ¿Cómo explicar el fenómeno de miedo por la influenza en Aguascalientes y México? ¿Qué ha pasado con la sociedad hidrocálida al perder ese sentido de tranquilidad y seguridad que se tenía en la entidad? ¿Cuál es la cultura de consumo de agua entre los hidrocálidos? ¿Cuál es la identidad hidrocálida? ¿Cuáles son los procesos públicos y sociales que están definiendo el crecimiento urbano en Aguascalientes? ¿Cómo entender los procesos de cambio político? Y un largo etcétera. Son muchos problemas los que son necesarios estudiar, necesarios no porque se esté dejando de ganar algo, sino porque es peligroso que como sociedad no nos conozcamos. Para la gente que vive su vida sin hacerse mayores cuestionamientos la cosas pasan porque sí: en México lo natural es la corrupción, que los políticos sean deshonestos y no se les castigue, lo normal es que la gente evada la ley, lo natural es que los pobres migren a los Estados Unidos. ¿Las cosas ya están dadas? ¿No es necesario indagar? ¿No hay solución para estos y otros problemas? Claro que sí, pero no es fácil hacer este trabajo y más cuando se dice que las ciencias sociales no sirven, que no producen riqueza.

Este jueves 13 de agosto cumple un año el Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes. La asociación civil es producto de varios factores. Uno de ellos es precisamente de lo que he estado hablando: la necesidad de dar respuesta a problemas de primer orden, que no necesariamente son urgentes, pero sí importantes. El Colegio es un esfuerzo inicial de un grupo heterogéneo de investigadores jóvenes que quieren cambiar el panorama de las ciencias sociales en nuestro estado; ofrecer investigaciones de calidad y que inviten a la reflexión y al debate abierto entre los diferentes sectores de la sociedad; empezar a dialogar, a debatir, a poner las prácticas y teorías sobre la mesa, a ojos e interpretación de diferentes enfoques y con la más absoluta de las libertades.

Quienes integramos el Colegio en esta primera etapa sabemos que no es una tarea sencilla y que rebasa a nuestras propias fuerzas. Estamos concientes que no es un proyecto de unos cuantos investigadores entusiastas, sino que es un proyecto de la sociedad hidrocálida y sus diferentes componentes, es un proyecto de interés público. Es un institución abierta a la sociedad porque se debe a ella y que sin ella no puede prosperar.

Para celebrar el primer año de la conformación legal del Colegio los invitamos a escuchar al Doctor Raúl Trejo Delarbre, periodista e investigador de temas sociales, de los fenómenos de poder y comunicación en nuestro país. Estará con nosotros el próximo viernes 28 de agosto a las 12 de día en el Museo Ferrocarrilero. Será un gusto para nosotros contar con la presencia de este destacado invitado, pero tendremos una mayor satisfacción si tenemos el gusto de tener un amplio público que comparta con nosotros este proyecto.

Publicado en diario Aguas, 13 de Agosto de 2009.

jueves, 30 de julio de 2009

Ciudadanos ideales

A reserva de que creamos que nosotros mismos somos el prototipo de persona a seguir, el delinear un perfil de ciudadano ideal no es fácil. ¿Qué tanto bien hacemos a la sociedad con nuestro comportamiento? ¿Qué tanto alentamos o frenamos el que nuestra sociedad alcance los objetivos de equidad, justicia y libertad que todos anhelamos?

De entada se debe decir que un ciudadano ideal es prácticamente imposible, es eso, un ideal, algo que se debe seguir y que es difícilmente alcanzable, pero por lo menos se aspira a algo. Insisto que siempre habrá la pretensión de algunos por pensar que ellos encarnan ese prototipo, pero son presuntuosos y ególatras, y ahí se termina todo ideal a seguir. Claro ejemplo son varios ministros de los diferentes credos religiosos. En los partidos políticos también tienen a sus “prototipos”: los fundadores, los expresidentes, algunos vivos, pero ¿quién les cree? ¿Quién los sigue?

Creo que sin necesidad de que alguien venga a decirnos qué hacer debemos de pensar un poco sobre lo que hacemos bien, mal o para no entrar en maniqueísmos, simplemente deberíamos conocernos un poco más para poder entender qué es lo que está fallando en la sociedad. A final de cuentas los problemas sociales no surgen por generación espontánea, sino que tienen sus causas, sus culpables. Por lo regular no asociamos los problemas colectivos con nuestra acción individual. Narcotráfico, corrupción, mal sistema de educación, partidos políticos que se representan a sí mismos, televisoras con pésimos contenidos y con ambición de poder, una economía que va a la deriva, servicios públicos deficientes, son problemas que no nos competen en lo individual: alguien más tuvo la culpa, alguien más lo arreglará.

Se ha celebrado hace unas semanas un proceso electoral que dejó entre otras cosas un nuevo dato: aunque se elevó respecto al 2003 la participación, muchos de esos votantes anularon su voto por diversos mecanismos. Y no desaparece el hecho de que las votaciones intermedias no rebasan el 50% de participación. ¿Esto que nos quiere decir? Nos habla de nosotros mismos, pero sólo de una dimensión de nuestras vidas: Nos habla de nuestras preferencias partidistas, del interés y rechazo por los partidos políticos y en general del aprecio-desprecio por la política como mecanismo para solucionar problemas sociales. Habría que señalar también, que a pesar de lo basto que pueden ser los temas electorales, estos no abarcan la complejidad de la vida social. Es común ver hoy como la mayoría de los medios de comunicación sólo ponen énfasis en las cuestiones políticas cuando el poder está en juego o cuando surge un morboso asunto de corrupción o de banalidad de los políticos. La otra cara de la moneda, el ejercicio del poder tal cual no interesa mucho, eso se deja a los boletines que llegan casi siempre con buenas nuevas a las mesas de redacción.

La única característica que puedo ver ahora de un ciudadano ideal es la de no pecar de incivil. Aristóteles ya habló de esto, el hombre es un animal político, un animal que tiene como único medio para sobrevivir el vivir en sociedad, organizado, y para organizarse necesita dialogar con los otros, llegar a acuerdos, negociar, pactar reglas y respetar esas reglas. Lo que vemos ahora no son ciudadanos respetando reglas, sino animales intentado, tontamente, sobrevivir.

¿Cuántos ciudadanos sí respetan las reglas? ¿Cuántos otros intentan tomar ventaja? Un buen ejemplo de la hipocresía “ciudadana” son las dos grandes televisoras, que son dirigidas por personas; tienen un sentido de las reglas muy práctico, las cumplen cuando no afecta sus intereses. El Instituto Federal Electoral, tiene serios problemas para hacer que estas instituciones respeten las reglas. Es verdaderamente desesperante ver esos mensajes de Televisa y TV Azteca donde invitan a las personas a ser buenos ciudadanos.

En síntesis, creo que un ideal de ciudadano no se limita a votar en las elecciones, sino que se interesa por la sociedad en su conjunto porque él es parte de la sociedad, incluso, el concepto de individuo puede ser que esté demasiado, o mal, valorado. ¿Qué tanto nos conocemos como hidrocálidos? Primero habría que conocer al ciudadano real.

Publicado en diario Aguas, 30 de julio de 2009.

jueves, 9 de julio de 2009

Revisando el 5 de julio


La jornada electoral del 5 de julio ha pasado y ha dejado toda una serie resultados que nos dicen, si sabemos leer bien, las nuevas pautas del comportamiento electoral de los mexicanos.
Casi todo ha sido marcado por lo sui generis, por no decir, caprichoso de ciertos actores de alejarse de la ley electoral y tratar de tomar ventaja de las lagunas que la misma ley deja. La lucha por el poder en México está regulada, pero particularmente la ley electoral vigente aún es perfectible y quienes están sujetos a ella asumen posturas distintas.
Con todo y los problemas de costumbre y los nuevos eventos (la regulación en medios por ejemplo), las elecciones del pasado domingo fueron pacíficas, las elecciones están cumpliendo con el sistema democrática: garantizar por vías pacíficas el reparto del poder.
Y es así que no se puede asumir que haya ganadores y perdedores absolutos. En democracia los triunfos y derrotas son relativas. Esto se explica por el hecho de que el poder está limitado por el tiempo. Regla pro tempore de la democracia la llama Juan J. Linz. El poder se gana por un periodo y al termino de este nuevamente se regresa a los ciudadanos para que cancelen o renueven un periodo más. Es así que el Partido Acción Nacional a pesar de cosechar derrota tras derrota nunca se le anuló la capacidad de competir y la posibilidad teórica por mucho tiempo pero real en las últimas décadas de hacerse del poder. Lo mismo con el Partido Revolucionario Institucional que en el 2000 perdió la presidencia de la república. Y el misma tónica están los otros partidos políticos.
De igual manera el país es todo un mosaico de expresiones políticas, por regiones o en ciertos estados y municipios ven en la alternancia política cerradas y abiertas las puertas del poder político. Es natural, dentro de todo, estamos en una normalidad democrática, que sin duda debe ser perfeccionada.
Aguascalientes es un buen ejemplo de ellos, de los tres distritos electorales, dos los ha ganado el PAN y uno el PRI. Y en los tres distritos la competencia fue cerrada por estas dos fuerzas, ninguna aplastó a la otra, aún más los otros partidos obtuvieron resultados significativos.
El día de ayer, miércoles 8 de julio empezaron los cómputos distritales, y en consecuencia los resultados electorales variaran, pero dentro de la normalidad, es decir, no se espera que haya cambio entre los primeros lugares. Con esta salvedad tomo los resultados que tengo a la mano, y que corresponden al Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Con éstos, se puede ver que la diferencia entre el PAN y el PRI es menos de un punto porcentual (0.83%). Es lo que suele llamarse un empate técnico.
Los resultados también nos dicen que el Partido de la Revolución Democrática, el tercer partido más antiguo en el estado se va a la quinta posición. Hay que recordar que en la elección estatal intermedia del 2007 el Partido Convergencia que postuló al ahora diputado federal electo, Armando López Campa, desplazó al PRD a la cuarta fuerza, ahora lo hace el Partido Verde Ecologista (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL). Como lo han señalado otros analistas, la pregunta es ¿Por qué no se logra consolidar la izquierda como una opción viable en Aguascalientes?
Por otra parte, los votos nulos junto con los votos por candidatos no registrados representan un porcentaje significativo, aún si se compara con el resto de las entidades. Incluso se atribuye al movimiento “anulista” el que la participación electoral haya aumentado.
En síntesis, las elecciones del 5 de julio han dado para todo: el desplazamiento a nivel nacional del PAN a la segunda fuerza y el regreso del PRI a la mayoría en el Congreso y un PRD que está viviendo dificultades para retomar esa gran aceptación que tuvo en el 2006, o sus porcentajes de otras elecciones.
A nivel estatal estas elecciones representan el antecedente de lo que pasara en las próximas elecciones locales, y a nivel nacional pone en perspectiva también de lo que puede pasar en el 2012. En fin, la democracia no produce sólo ganadores o perdedores, sino también a competidores.

Publicado en diario Aguas, 9 de julio de 2009.

viernes, 26 de junio de 2009

Intermitencias de la democracia


La discusión sobre el origen, naturaleza y consecuencia del voto nulo en estas elecciones intermedias ha consumido en buena parte el tiempo de las campañas electorales. El haberse concentrado en este tema la mayoría de las discusiones publicas dejaron de lado lo que finalmente hubiera sido también deseable: haber conocido y discutido las propuestas puntuales de cada uno de los candidatos, de cada uno de los partidos políticos. Quedan siempre los enunciados vagos (los qué), pero los cómo, la propuesta aterrizada y articulada se ha quedado para un mejor momento. La mayoría de los candidatos, como mencioné en otro artículo, prefirió usar lo que las avanzadas técnicas de mercadotecnia política le dictaban: campaña de contraste (eufemismo para ataque) o de no caer en provocaciones (eufemismo para no hablar de temas incómodos). Ninguno cometió errores, todos siguieron su propio camino, lo políticamente correcto; en consecuencia: no hay acuerdos.
El periódico Reforma ha publicado esta semana el resultado de una encuesta nacional vía telefónica que nos da luces para entender un poco mejor cómo están viviendo este proceso los ciudadanos, los grandes invitados al banquete democrático de este 5 de julio.
Menciono que la encuesta fue levantada telefónicamente porque esto relativiza su objetividad, incluso el hecho de que su margen de error estimado sea de más, menos 3.8% y con un nivel de confianza del 95%. Es decir, las encuestas son útiles y son un referente, pero no tienen la verdad.
Hechas las anteriores advertencias, se pueden ver las valoraciones de los mexicanos hacia los partidos políticos en pleno funcionamiento, en pleno proceso electoral. Para 74% de los mexicanos encuestados los partidos políticos son necesarios para el funcionamiento de la democracia; sólo 22% piensan que la democracia no los necesita. De manera contrastante, bajo otra pregunta, ocho de cada diez encuestados afirmó que los partidos actúan sólo siguiendo sus propios intereses; sólo uno de cada 10 considera que toman en cuenta los intereses de los ciudadanos. ¿Cómo entender este contraste? Los ciudadanos describieron por un parte el ideal (la democracia necesita de los partidos) y por otra parte la realidad (los partidos no representan a los ciudadanos, no sirven a la democracia).
En esta tesitura, ante tres opiniones sobre los partidos, la mayoría estuvo de acuerdo en que es necesario "exigirles más responsabilidad y que trabajen mejor" (88%); sólo uno de cada diez cree que "no sirven para nada, hay que rechazarlos"; y sólo 2% lo exonera "están bien, no hay mucho qué criticarles".
Sin ir a más, los últimos resultados descritos son la síntesis de lo que los ciudadanos han pedido y exigido de diferente maneras: más calidad en el trabajo. No se trata de que se vayan todos como pasó en la crisis argentina, sino que haya un cambio sustancial en el forma de trabajar.
Un último dato a resaltar está relacionado con lo que acaparó la atención pública en los últimos días. Se hizo la pregunta: "¿Cree que la anulación del voto es una acción efectiva para mejorar las cosas o que no es efectiva?" La mayoría dijo que no es efectiva, 74%, mientras que prácticamente una cuarta parte dijo que sí (23%). ¿Esto indica un fracaso total de la promoción de anulistas? Creo que no. En otra pregunta más directa: "¿Cuál acción es más efectiva para que el ciudadano se dé a escuchar en estas elecciones del 5 de julio?" El 19% opta por la anulación del voto; siete de cada diez votará por un partido; 8% declara abiertamente que no irá a votar, por el sentido de la pregunta, se supondría que como una forma de protesta. Pero veamos: 19% piensa anular el voto, es mucho más de lo que necesitan cinco partidos para mantener el registro (2% de los votos efectivos), es prácticamente lo mismo que una de las tres fuerzas políticas obtiene regularmente en cada elección. El voto nulo, visto bajo esta única encuesta, puede ser un verdadero llamado de atención, pero como se advirtió, las encuestas son eso, ya se verá el resultado el 5 de julio.
Desde mi punto de vista la democracia no se circunscribe exclusivamente a la participación electoral; es parte fundamental, pero no es todo. Los ciudadanos lo que quieren es tener la capacidad no sólo de premiar a los partidos, dándoles su voto, su confianza. El ciudadano antes consideraba que votar por un partido diferente al gobernante era suficiente para que la oposición triunfante entendiera que debería hacer una mejor gestión de los recursos públicos, pero no era un cheque en blanco. El hecho de que con todo y alternancias no se logren mejores estándares de vida es un indicador de que el voto no es suficiente; falta la otra parte, la rendición de cuentas efectiva que vuelva más responsable al gobernante; la impunidad y una larguísima lista de promesas incumplidas de candidatos que luego fueron gobierno es lo que hace que la gente dude, en momentos, de si la democracia es la mejor forma de gobierno; yo creo que sí lo es, sin dudas, pero tenemos que seguir haciendo el esfuerzo de mejorarla, de hacer ciudadanía, de hacer democracia.

Publicado en diario Aguas, 25 de junio de 2009.

martes, 9 de junio de 2009

Crespo y Merino debaten sobre voto nulo

Dos opiniones de académicos expertos en el tema de las elecciones y que han asumido posición entorno al voto nulo.

Son 18 minutos que valen la pena.

http://ia301512.us.archive.org/1/items/MesaConJosAntonioCrespoYMauricioMerino/mesa_voto_nulo_08jun.mp3

jueves, 28 de mayo de 2009

Mal tiempo para votar



Falta poco más de un mes para las elecciones del 5 de julio, existe ya la preocupación de un alto abstencionismo y aún más, en casi todos los espacios de opinión (televisión, radio, prensa, internet) se habla de anular el voto como una forma de expresar inconformidad ante una clase política que no realiza un trabajo eficiente y eficaz para solucionar los problemas públicos. Se argumenta que no se trata de ir en contra de un partido en particular, sino que sea un llamado enérgico de la ciudadanía ante los pobres resultados que la clase política ha ofrecido en los últimos tiempos.

Si bien el abstencionismo es una práctica antidemocrática, queda siempre la duda de los motivos del por qué los ciudadanos no fueron a votar: el desinterés es casi siempre lo que se encuentra cuando se indaga sobre el particular, quedando en muy pocos el no votar como forma de protesta.

Por otro lado, la anulación del voto tradicionalmente está asociado al error de elector al momento de marcar una opción, sin embargo, ahora se habla de anularlo con conocimiento de causa y con un motivo. Aunque menos grave que el abstencionismo, pues el ciudadano participa. No obstante ello, se está enfrente de una salida, una forma de protesta, que está en el filo del desconocimiento de las autoridades, de todas. ¿Por qué? Porque simplemente no se cree en ese mecanismo, para lo que fue creado: para elegir representantes del pueblo, los cuales defenderán los intereses de todos los ciudadanos, de la mayoría. Anular el voto, es como si fuéramos a los servicios médicos públicos, y al final de la consulta rompiéramos la receta porque no confiamos en el diagnóstico del médico. Así de grave y así de desesperada y decepcionada está ya un buen grupo de ciudadanos que no ven en los actuales políticos un verdadero compromiso para cambiar las cosas. Sergio Aguayo, académico de El Colegio de México, le ha llamado “la náusea”, y abiertamente ha expresado que anulara su voto.

Motivos para anular el voto, si se buscan, sobran. ¿Sobraran motivos para votar por un partido? Tal vez no sobren, pero los hay, y como siempre depende de los partidos políticos, candidatos y de las autoridades electorales el que se tenga certidumbre de que vale la pena hacerlo. Hay aún tiempo suficiente para que los partidos políticos abandonen esas avanzadas técnicas de mercadotecnia para ensuciar al contrincante, como si algún partido, y el gobierno emanado de éste, tuviera un desempeño intachable. Y aún los señalamientos negativos de los contrincantes deben de presentarse con pruebas, algo básico para que las denuncias sean creíble, pero de esto poco se ve.

Hay tiempo para debatir y proponer, no los “qué”, sino los “cómo”. Todos sabemos que el narcotráfico es un problema, lo que nos interesa es saber “cómo” lo van a solucionar. Todo sabemos que el desempleo es un problema grave, el presidente Felipe Calderón nos dijo que él era el presidente del empleo, no hemos visto cómo ha generado empleos, sigue el reto. ¿Cómo los futuros legisladores federales lograran crear empleo? Con frases e ideas sueltas en su propaganda no lo creo. No hay duda de que hay excelentes personas como candidatos: ciudadanos y militantes de partidos, pero ese talento individual se ve disminuido cuando sobresale la mercadotecnia política con su mala escuela de la guerra sucia y de que a los ciudadanos hay que tratarlos como clientes y que con canciones con nulo ingenio y demás recursos del tipo la gente va votar por ellos. Si siguen por ese camino no me asombrara que el voto nulo sea un porcentaje que figure en la estadística electoral.

Abstenerse de votar y anular el voto no es una opción, es la negación de los instrumentos democráticos. ¿Por qué protestar de esa manera y no de otra donde no se dañe el proceso electoral? ¿Es ya la única vía? Los gobernantes y gobernados se alejan cada vez más del sentido básico de la política: los que están preocupados por la ciudad, por los asuntos públicos. En el fondo hay un problema de confianza ante las autoridades, en ello está que los ciudadanos confíen y participen, así el ciudadano se planteara el problema de por quién votar y no para qué votar

El título que utilizo para esta colaboración es la primera línea de la novela Ensayo sobre la lucidez, del escritor José Saramago. Novela altamente recomendable en esta época electoral. Creo que esta obra sí se consigue en las librerías de Aguascalientes.


Publicado en Aguas, 28 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

ENCUP 2008

Los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura Política (Encup) en su cuarta edición han sido publicados. La entidad encargada para realizar esta tarea es la Secretaría de Gobernación, pues es una de sus obligaciones estudiar y fomentar una cultura política democrática en nuestro país. La realización de la encuesta está a cargo de expertos en el área, por lo que sus resultados son confiables para el estudio científico.
Vale la pena revisar algunos resultados de este ejercicio de medición de actitudes políticas para entender un poco mejor lo que puede pasar en el proceso electoral federal que tenemos en puerta.
El cuestionario aplicado a los ciudadanos en 2008 preguntó sobre el interés de la gente por la política: 9% dijo interesarse mucho y una cuarta parte algo. En cambio 38% dijo que se interesaba poco y 27%, nada. Está demás decir que la política, hacer política, no es valorado por una buena parte de la sociedad. Pero cuidado, esta pregunta es abstracta, indaga sobre un concepto. Cada persona tiene su propia idea de lo que es la política; por más que algunos digan que la política tiene qué ver con la preocupación que se tiene de los problemas de la ciudad, de la polis, para muchos la política es una actividad relacionada con el engaño, la mentira y el beneficio de uno pocos. Por cierto, en el cuestionario se hace la pregunta de qué entiende la gente por la palabra política, pero el resultado no se ofrece aún al público, o por lo menos yo no la vi en los tres documentos consultados.
Siguiendo con las preguntas abstractas (algo que es un defecto de todas las encuestas por su naturaleza de método cuantitativo -medir, antes que entender-) se preguntó: ¿Cree usted que México vive o no en una democracia? Prácticamente la mitad de los mexicanos encuestados (48%) cree que vivimos en una democracia. En el 2001, el resultado fue en esencia el mismo (50%). Lo cual lleva a la reflexión de que si bien no se ha desplomado el número de personas que creen que ya se ha superado el periodo de transición democrática, no ha crecido el número de convencidos. En otras palabras, la democracia está estancada, por lo menos en cuanto a esta forma de medirla, de entenderla. Todo esto llevaría a otra pregunta que está incontestada por los cuerpos académicos ¿Por qué no se ha consolidado la democracia en México? Curioso es que entre la clase política, la mayoría de ellos, esto ya no es una preocupación.
Ahora bien, los partidos políticos son instituciones fundamentales para que la democracia en cualquier país se consolide o no, la confianza ciudadana hacia los partidos es fundamental. El resultado de la ENCUP 2008 reitera el dato negativo que en otras encuestas se ha obtenido: siete de cada diez no confía o confía poco en los partidos políticos mexicanos. Es difícil cimentar una buena democracia si quienes la animan en buena parte no se han ganado la confianza de los ciudadanos.
Y obviamente, la confianza no se pierde misteriosamente, una pregunta que ayuda a explicar esta situación es la siguiente: Al elaborar las leyes, ¿Qué es lo que los diputados y senadores toman en cuenta?: 49% respondió que los intereses de los propios legisladores, 25% los intereses de los partidos políticos, y sólo el 11% cree que toman en cuenta los intereses de los ciudadanos. Las cifras hablan por sí mismas.
En esta misma tesitura, el Instituto Federal Electoral (IFE) es -junto con el Ejército- una las instituciones en las que más confía la gente (dos de cada tres ciudadanos). Un árbitro electoral fuerte puede ser la palanca que haga que los otros actores mejoren sus prácticas democráticas. Sin embargo, lo sucedido en las pasadas elecciones federales de 2006 y su estela de desconfianza ha menguado en la credibilidad de las elecciones, lo que constituye en esencia el trabajo del órgano electoral: desterrar la desconfianza de los procesos electorales. Por ello, es preocupante que el 66% de los ciudadanos encuestados no crea que las elecciones en México sean limpias. Ese 66% son quienes desconfían en los partidos políticos o en el órgano electoral. Una conclusión sencilla es que más de un actor político no está haciendo bien su trabajo.
No se ve en el actual proceso electoral un cambio sustancial en la forma de hacer política. No se manda ninguna señal de que las practicas políticas pueden hacerse de otra manera. Otras encuestas proyectan un abstencionismo superior al 60%. Se puede argumentar que el padrón electoral está inflado y que en número, no en porcentaje, el abstencionismo no es tan grave, puede ser cierto, pero es buscar una justificación en los números. A fin de cuentas, ¿qué tipo de proceso electoral queremos? ¿A qué tipo de democracia aspiramos? ¿Qué tipo de cultura política tienen los ciudadanos? Respuestas sencillas no hay. La Encup 2008, como sus otras ediciones, ayuda a entender mejor nuestra realidad política.

Publicado en Aguas, 14 de mayo de 2009.

jueves, 30 de abril de 2009

Había una vez unos hombres-cerdo

Ángela Piedad
Había una vez un país al que atacaron unos seres mitad hombre y mitad cerdo. Los hombres-cerdo en apariencia eran como los humanos normales, pero tenían un veneno en la saliva, en la piel y hasta en el aire que salía de su nariz que era mortal para los humanos, con sólo tocarlos los podían matar. Al principio eran sólo algunos, pero quiso la mala fortuna que empezaran a multiplicarse, cada vez iban muriendo más humanos y los pobres que no tenían armas contra ellos empezaron a aislarse y a mirarse con desconfianza. Empezaba a reinar un turbio silencio. Los humanos tenían miedo de tocar objetos extraños, de saludar a sus amigos, de comprar una taza de café o de recibir dinero de otras manos, así que el rey ordenó que se cerraran las escuelas, las universidades, los templos, incluso ordenó que se suspendieran las fiestas. Hasta que llegó el día en que les dio miedo el aire, fue entonces cuando cubrieron sus caras con máscaras de tela, y fue como si se abriera una puerta por la que entró el terror.

La ciudad cerró sus puertas y no hubo manera de escapar. Las calles se fueron quedando solitarias, casi todos se amotinaron en sus casas. Los pocos humanos que aún salían a las calles regresaban al anochecer y se encerraban con sus familias sólo para mirarse unos a los otros detrás de sus máscaras azules. Fueron días aciagos para aquellos hombres, más aciagos aún porque en aquel país habían empezado a olvidar la costumbre de sus ancestros de contarse cuentos por la noche. No conocían la historia de aquel otro pueblo que había resurgido de la peste bubónica con sus hombres-rata, con su mortandad, su soledad y su miedo.

Corría el año de 1348, cuando una mortífera peste azotó Florencia y hubo algunos que decidieron que lo mejor para no morir en manos de la peste era irse de su ciudad. Abandonaron sus casas y todas sus pertenencias y tomaron camino. Un grupo de siete mujeres y tres muchachos que iban juntos decidieron que para distraerse sería bueno que cada uno contase a los demás un cuento durante la noche. Eran los tiempos en que los cuentos se contaban para no dormir, en que los cuentos de hadas eran historias con fines de incitación sexual y por eso se contaban de noche. Así fue como aquellos diez caminantes se olvidaron del dolor y la miseria pasadas mientras escuchaban cuentos alrededor del fuego. Los cuentos adquirieron sus más balsámicos poderes. Lo que el poeta León Felipe resumió de manera prodigiosa. Dijo que “La cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos y sé todos los cuentos”.

Mientras se libra esta batalla entre hombres y cerdos, lo mejor sería sobrellevar la soledad y el aislamiento de las horas muertas contando historias alrededor del fuego. Mientras la fortuna decide si la humanidad debe sucumbir o no, los días y las noches serían más llevaderas si nos perdiéramos en las ficciones de los libros. Otros días serían si nos perdiéramos en los laberintos de la ficción y nos reinventáramos en ella. Y si vamos a encerrarnos en casa, bueno sería contarnos cuentos al oído, cuentos que disipen nuestro miedo, en los que vivamos otras vidas, y muramos otras muertes. Bueno sería contarnos cuentos de hadas para dormir, o para no dormir.

Publicado en el periódico Aguas, 30 de abril de 2009.

Influenza

La influenza ahora es también una enfermedad política.

domingo, 19 de abril de 2009

¿Pabellón Francés?


De regreso a casa me topé con este espectacular. Las imágenes se me quedaron en la cabeza: algo no estaba bien. ¿Qué hace el cuadro del italiano Leonardo Da Vinci al lado de la Torre Eiffel y del Arco del Triunfo? Los dos últimos son indudables símbolos de Francia, pero ¿desde cuándo La Gioconda es representativa de la cultura francesa?

Foto: JAL.

jueves, 16 de abril de 2009

Lecciones de democracia



El politólogo italiano Giovanni Sartori tiene un nuevo libro: La democracia en treinta lecciones, bajo el sello de Taurus . El libro recopila los mensajes de una serie de cápsulas hechas para la televisora italiana RaiSat Extra. La primera parte del libro justifica su existencia. En palabras de Lorenza Foschini, quien convenció a Sartori del proyecto, el objetivo del mismo fue: “...ofrecer al público una oportunidad de reflexión y de aprendizaje sin llegar a asustarlo” (p. 11). En este sentido se trataba de “...pedir un esfuerzo excesivo a un público que se ha vuelto cada vez más perezoso por tantos programas estúpidos, y sobre todo repetitivos...” (p. 10).
De esta manera el libro no está pensado para ilustrar con nuevos hallazgos teóricos o empíricos de la democracia a un público poco interesado en los asuntos de política. Se trata de un libro con intenciones pedagógicas, pero sin caer en lo coloquial. Sartori ilustra al lector sobre temas de primer orden, que pondrían a los lectores en la posibilidad de apreciar y hasta de interactuar mejor con el sistema de gobierno democrático.
Son, como el título del libro lo indica, treinta lecciones, treinta temas que en no más de tres minutos en televisión, y en poco páginas, el autor va poniendo en orden los conceptos que giran en torno a la vida democrática.
Me detengo en la lección de participación que es inherente a la democracia. Hay quienes circunscriben a la participación únicamente en el acto de votar, de una democracia de procedimiento, de técnica, computar votos y designar puestos con base a reglas de mayoría y de proporcionalidad. Sartori afirma que la democracia electoral no es muy exigente, pues de esa manera la democracia consistiría únicamente en elegir a quienes definirán los problemas y los atenderán en consecuencia. La democracia como participación, no sólo como elección, es más demandante, pues supone que los ciudadanos también estarían definiendo los temas y no sólo delegándolos. Claro, esto trae otros retos por resolver y que remiten a cuestiones fundamentales de organización: ¿Se puede organizar la totalidad de la ciudadanos para definir estos problemas? ¿Cómo lo haría? ¿No sería más fácil seguir delegando responsabilidades a unos pocos?
Sartori ofrece elementos para entender un poco más el asunto y ayuda a responder. Para él participación “es tomar parte activa, voluntaria y personalmente” (p. 35). Este es un argumento que se escucha con frecuencia a los institutos electorales y que como se ha mencionado, limitan la democracia a lo electoral: “vaya a votar y usted ya es democrático”, es la sensación que queda con el tipo de promoción que hacen del voto. Pero retomemos la definición de Sartori. Al decir que la participación es voluntaria está diciendo que la persona debe actuar por sí misma y no movilizada por otros, sobre todo por quienes pueden hacerlo, los poderosos. De lo contrario no tenemos participación genuina, sino movilización a través de mecanismos como el clientelismo.
Es imposible que todos se interesen por todos los asuntos públicos y en todas sus formas. Se estaría buscando un ideal muy grande y la decepción del sistema democrático sería inevitable. Hay una realidad política dominada por elites cada vez más ambiciosas y que quieren reducir la participación de la gente a su mínima expresión: entre menos se les estorbe es mejor para ellos. Los extremos son los que se deben de evitar, el justo medio, como hubiera aconsejado Aristóteles, es el mejor camino.
Una participación genuina y motivada más por el interés del beneficio común y no sólo por la utilidad inmediata. Una participación que se involucre en la eficiencia del gobierno, en resolver los problemas públicos. Una clase gobernante controlada por la participación ciudadana. Como bien dice Sartori, conceptualmente es peligroso concebir “a un ciudadano que vive para servir a la democracia, en lugar de una democracia que existe para servir al ciudadano” (p. 37).
La reflexión general de Sartori es que la democracia es perfectible, que no se puede abandonar esta forma de gobierno sólo porque las cosas no han salido de la mejor manera. En la última lección que se llama “Por desgracia, he terminado”, afirma que el problema no está en la maquinaria democrática, sino en el maquinista. Y se refiere al hombre-masa de José Ortega y Gasset, ese niño malcriado e ingrato que “recibe en herencia unos beneficios que no merece y que, por consiguiente, no aprecia” (p. 144).
El gobierno se está empeñando en que recordemos que recibimos como herencia hace casi doscientos años independencia, patria, y hace casi cien años la posibilidad de tener un régimen verdaderamente democrático. ¿Qué tan mimado y malcriados seremos? ¿Qué tan indolentes seguiremos siendo como para dilapidar las oportunidades de mejorar nuestra maquinaria democrática? ¿Los jóvenes sabrán aprovechar su oportunidad? Sartori, se despide en el libro deseándonos buena suerte.
Por cierto, pregunté por el libro en varias librerías de Aguascalientes, y ya saben cual fue la respuesta

Publicado en el diario Aguas, 16 de abril de 2009.
Foto: JAL.

jueves, 26 de marzo de 2009

Ciudades que favorecen la lectura

Otra nota más sobre la lectura. Resulta que se hizo una encuesta en el país, en 34 ciudades del país. Por más que he buscado el reporte del estudio para revisar la metodología completa y ver si Aguascalientes fue parte del estudio. Aunque por los datos que se han dado conocer no está el estado ni en los primeros o últimos lugares.

Pueden leer la nota en: http://mx.entertainment.yahoo.com/25032009/7/entertainment-realizan-encuesta-ciudades-favorecen-lectura.html

Lee+

A propósito del Aguascalientes sin librerías me he topado con una nueva publicación de la librería Gandhi: Lee+. Efectivamente está enfocada a lectura, promoción de novedades, negocios relacionados con la lectura, entre otras cosas.

Les comporta la liga de internet para que si tienes tiempo le den un vistazo a la versión en PDF.

http://www.gandhi.com.mx/gandhi/images/revista/Revista_descarga.pdf

jueves, 19 de marzo de 2009

Sin librerías



Los asuntos electorales y políticos del país, y aun de Aguascalientes, están un poco en lo mismo desde hace tiempo: crisis financiera, desempleo, ineficaz combate al narcotráfico y a los secuestros, problemas típico de las precampañas, entre otros nada nuevos. A veces hay que darle un respiro a estos temas para ver otros asuntos que son también importantes.

En el blog personal, que se llama igual que este espacio de opinión, publiqué hace unos días comentarios breves sobre la mala experiencia que he tenido con las librerías hidrocálidas. Afirmé que Aguascalientes es un estado sin librerías o si se quiere ser optimista de malas librerías. Lo que me lleva a pensar que aún más grave de no tener buenas librerías es el hecho de no tener lectores.

Es evidente que el tipo de negocios y de eventos que pululan en el estado son reflejo de las necesidades de consumo y tipo de sociedad que se tiene. ¿Cuáles son los negocios que con más frecuencia procura la gente? ¿Qué consume? ¿Qué le gusta hacer? ¿En qué se divierte? Son preguntas que no sólo incumbe a la economía o a la administración de negocios, sino más bien al ámbito sociológico y antropológico.

No tengo a la mano la estadística de los giros de los negocios, pero a simple vista es evidente que los productos de consumo cultural (bellas artes) como son las librerías, simplemente no figuran. Hay pocas, y aún muchas de ellas son más bien locales con un letrero de librería con un tipo de libros y vendedores que están lejos de satisfacer o cautivar a sus potenciales clientes.

Me pasó hace unos años que cuando fui a comprar el libro A sangre fría, la empleada me miró con asombró y me preguntó si el libro acabada de salir, porque no aparecía en el sistema. Le dije que no, que el libro ya tenía varias décadas de haber sido publicado y que además había en ese momento una película en el cine que llevaba el nombre del autor, Truman Capote, y la trama eran los hechos que inspiraron el libro antes mencionado. Pregunté por otros libros, no menos notables en la literatura universal, y la respuesta fue “no los tenemos”. Este tipo de experiencias se ha repetido a lo largo de los años. Hace unos días pregunté por libros de Salvador Elizondo, Alejo Carpentier, Reynaldo Arenas, entre otros, y la respuesta es siempre la misma, y aún más que eso, la actitud: un total desconocimiento de los autores. No hay librerías ni libreros.

Pero para no caer en la total generalización debo decir que he tenido buenas experiencias en la librería El Barco, pero creo no exagerar al decir que navega casi en solitario por estas aguas.

Habrá quien diga que para qué queremos librerías si todos los libros están en las bibliotecas, éste es un error. No se trata de tener ahí acumulados los libros para que no los lea la gente ¿o acaso todos tenemos una credencial de la biblioteca pública más cercana? O bien, se puede argumentar que leer es de gente ociosa y que desperdicia el dinero pues los libros son caros. Doble error: leer, leer bien requiere total concentración y es lo más entretenido y puede ser algo muy placentero, pero perdida de tiempo nunca, salvo que el libro sea malo, pero un puede dejar de leerlo y empezar otro. Y si es caro el libro se debe sencillamente a que son poco demandados, pero para quien tiene un gusto por ellos el precio llega hacer secundario, en fin.

No sé si tampoco el estado tenga lectores (verdaderos), conozco a pocos. El encuentro con exalumnos, amigos, parientes, conocidos, siempre gira en torno a temas sociales, políticos, el clima, pero difícilmente a comentar el contenido de una novela o algún otro texto. O bien, siempre están los que quieren comentar el único libro que leyeron en la secundaria o preparatoria.

No sé en sí en dónde está el problema: en la familia, escuela, amigos, en la falta de librerías, la influencia de la televisión, la ausencia de una política de fomento a la lectura, etcétera. Tal vez sea todo lo anterior y algo más. En nuestra sociedad leer no es socialmente reconocido, el tener un libro en las manos es para mucho un etiqueta de ser una persona aburrida y arcaica, no es moderno. Lo de ahora es no leer, jugar con el celular, en la computadora portátil, pero leer no, imaginar, pensar, no está de moda.

Las librerías no son para nada lugares cómodos y adecuados para probar, leer algunos páginas de un libro para luego adquirirlo. Como si fuera una prueba de manejo. Las librerías están diseñadas para echar a los clientes lo más pronto posible. O bien, esa maravillosa costumbre de las librerías hidrocálidas de cerrar los domingos, no vaya hacer que alguien decida comprar un libro en su día libre.

No por nada las bibliotecas familiares están formadas por dos grandes libros: la Biblia y el directorio telefónicos, y aún estos no fueron comprados por sus dueños, el primero casi siempre se hereda y el segundo lo lleva un empleado de Telmex.

Está de más decirlo, pero el libro como objeto, es apreciado y atesorado, por muy poca gente, pero lo es. La literatura es un reflejo de nuestros logros y fracasos como sociedad. Somos, de diferentes manera, nosotros, de manera narrada, escrita, recreada.

No sé qué sea más preocupante, la escalada de violencia y desempleo que padecemos, o que tengamos una sociedad cegada a voluntad. Si es esto último, no importa que no tengamos librerías, da lo mismo.

Imagen: Librería Ateneo GRand Splendid, Buenos Aires Argenitna. Foto de Mariana Araujo.

Publicado en periódico Aguas, 19 de marzo de 2009.

jueves, 5 de marzo de 2009

Aguascalientes sin librerías

Aguascalientes es un estado sin librerías o si se quiere ser optimista de malas librerías. No sé si tampoco el estado tenga lectores (verdaderos), conozco a pocos. De hecho ya no recuerdo cuando fue la última vez que compré un libro en uno de esos locales que tienen un letrero de librería.

Primero pensé que se trataba de los títulos que pedía: algunos eran novedades y otros rarezas, libros muy especializados. Pero después de tantos intentos, de ingenua esperanza de mi parte de que las antiquísimas librerías de Aguascalientes pudieran reivindicares y ser unas librerías de verdad. Tan mal surtidas están que desconfío de las profesores universitarios que compran sus libros en estos locales, no sé que cosa interesante puedan encontrar ahí.


jueves, 19 de febrero de 2009

Gobernabilidad fallida



El Estado mexicano no está en el supuesto teórico, ni práctico, de Estado fallido como ya algunos analistas serios lo han explicado. Pero lo que sí se deja palpar es la poca capacidad de las autoridades de generar gobernabilidad. La gobernabilidad o gobernanza es definida por la Real Academia de la Lengua Española de una manera sencilla y didáctica: “Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía”. Interesante la definición porque habla de arte, es decir, no se trata simplemente de seguir un manual, que en este caso sería la ley, la Constitución, sino de aplicar las reglas del juego de manera inteligente y brillante para poder conseguir los objetivos de desarrollo de cualquier sociedad. Evidentemente, el arte o esta capacidad virtuoso no se encuentra en todos los tomadores de decisiones, en los gobernantes. Lo que hay en muchos de los casos es un grupo nada artístico y más bien mezquino que no respeta la norma (aunque diga que lo hace) para sacar provecho para su grupo.

Queda bajo este contexto evidenciado la poca gobernanza que existe en México en estos momentos. Por ejemplo, la creciente fuerza de la delincuencia organizada (secuestradores, asaltantes, narcotráfico, etcétera), y ante ello el presidente de la república prefiere, como lo hizo Vicente Fox, crear su propia realidad, ¿quién le puede creer que los delincuentes están desesperados? O bien, que un miembro de su gabinete culpe a los medios de comunicación por la mala imagen turística del país. O bien, la que ha sido la más extraña; el indirecto reclamo de Felipe Calderón al segundo hombre más rico del mundo de las advertencias “catastrofistas” para el país. El presidente está más cercano en estos momentos a la figura de Fox que a la de un estadista. Y en este sentido es sano recordad que un estadista es un gobernante con experiencia, que puede ver más allá de los intereses de grupo, aún de su propio grupo y dirigir a buen puerto a la sociedad, al país que dirige.

Otro ejemplo que ilustra la poca capacidad de dirigir instituciones en México es la facilidad con la que las dos grandes televisoras mexicanas han burlado la ley electoral, a la institución electoral mexicana y están en proceso de doblegar a los legisladores para aminorar la capacidad de sensación del IFE (ya lo hicieron con los senadores, siguen los diputados). Es realmente preocupante la gran fuerza que tienen los grupos de interés, ya convertidos en grupos de presión y de chantaje. Más preocupante aún es que el Estado no tenga la suficiente fuerza para poder limitarlos. 

No sabemos hasta dónde la capacidad de las instituciones públicas, que forman al Estado mexicano en su dimensión de gobierno, logren atemperar las acciones agresivas de los grupos fácticos de poder. La sociedad, los no organizados, que son la mayoría, son en este sentido meros espectadores de un juego en el que el equipo que los debiera representar y defender (los partidos políticos, el gobierno) sospechosamente se deja meter los goles.

Por lo tanto, la gobernabilidad, ese equilibrio y dirección entre los diferentes actores  en una Estado están a la deriva.

No obstante ello, las elecciones están siendo tomadas por los partidos políticos como un único trámite para acceder al poder, eso está bien si se considera que desplazan a la violencia u otra forma no pacífica y legal para llegar al poder, pero el problema es ese, se está dejando a los procesos electorales como momentos aislados en los que la gente se acerca a una mampara para tomar una decisión que favorece a una o varias opciones políticas, pero no se le rinde en ningún momento una rendición de cuentas real que lleve consigo la responsabilidad de los éxitos o fracasos de la administración.

Los mexicanos tienen por lo menos ocho opciones políticas, tal vez menos por cuestión de las alianzas, el problema no es quien de ellos tiene las mejores propuestas, sino cuál de ellos ofrece más elementos de gobernabilidad para el país.


Foto: El Universal.

Publicado en Aguas, 19 de febrero de 2009.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Las elecciones son noticia

Las elecciones por fin son noticia pero no por la armonía de sus actores sino por un conflicto de intereses. Es indudable la capacidad de influencia que tienen los medios de comunicación en una sociedad. Se dice con frecuencia que la información es poder. Nadie puede poner en duda esta idea. El problema radica en que los medios masivos han utilizado su función informativa como medio para presionar a los poderes públicos y sus instituciones. El caso más reciente es la manipulación que están haciendo de los tiempos oficiales que marca la ley electoral para crear un ambiente adverso a los partidos políticos y al órgano electoral. Están actuando en contra de dos instituciones democráticas básicas.

Hay que recordar que las reformas electorales de 2007-2008 fueron producto del conflicto electoral de 2006. La premisa de desterrar la desconfianza de los procesos electorales no se cumplió a cabalidad. En aquella campaña los medios de comunicación jugaron un papel importante, pues se volvieron en los facilitadores de cualquier cantidad de ataques y descalificaciones entre los contendientes, todo ello mermo la confianza de la sociedad hacia los resultados electorales y ha debilitado las capacidades del poder ejecutivo, pues a la fecha se sigue lidiando con la legitimidad de su mandato.

Por otra parte, la compra masiva de espacios en radio y televisión beneficiaba al medio de comunicación. Ahora no, de acuerdo al nuevo código electoral las televisoras tienen prohibido hacer negocio con las campañas: los tiempos en radio y televisión son administrados por el Instituto Federal Electoral (IFE). Y como todo grupo que ve afectado sus intereses reacciona para tratar de recuperar sus privilegios.

El pasado fin de semana varios eventos televisivos de alta audiencia fueron interrumpidos con spots de los partidos políticos y del Instituto Federal Electoral. En ese momento, para quien disfrutaba la trama del espectáculo deportivo, película o caricatura fue irritante perder la continuidad de su experiencia televisiva. El enojo es lo más natural. La televisoras, particularmente TV Azteca, se dedico a atizar el fuego en sus diferentes noticieros. Con todo dolo afirmaban que los responsables de dichas interrupciones eran los partidos políticos y el IFE. Ocultaban el hecho de que la ley electoral no faculta en ningún momento al IFE, o a partidos políticos, a fijar determinadas horas de transmisión de los spots, sólo el tiempo general por día (48 minutos) y la distribución por hora (de dos a tres minutos). Es decir, que dentro de estos parámetros la medios son libres y responsables de transmitir los mensajes en el horario que a ellos mejor les convenga, sin la necesidad de cortar abruptamente sus propias transmisiones. Obviamente sabían lo que estaban haciendo.

Por lo anterior el IFE a hecho un requerimiento a las televisoras para que expliquen estas actitudes atípicas (Televisa, TV Azteca, Cablevisión, Sky). Se les dio un plazo máximo de 24 horas. Las televisoras ya manifestaron que no darán explicación alguna. Será responsabilidad del propio IFE, como árbitro electoral, analizar si procede o no sancionar. Tal vez esto último es lo que quieren las televisoras para terminar de tener argumentos de que se está atentando en contra de la libertad de expresión.

El problema de fondo es que las televisoras se han visto afectadas en sus intereses, tanto económico como políticos, y se resisten a perder lo que tanto les había redituado. Es probable que sigan con este juego de interrumpir deliberadamente sus propios programas para generar la presión social que quieren para que las reglas electorales que no les favorecen cambien, no para este proceso electoral, sino para la elección presidencial del 2012. En todo caso, somos testigos de una lucha por el poder, no el de las curules en el Congreso, donde está legalmente representado el poder de los mexicanos, sino de la capacidad de chantaje que tienen, desde siempre, los medios de comunicación. Algo parecido pasa con la la iglesia católica que en últimas fechas se ha manifestado en contra de las capacidades del Estado para resolver los problemas, ellos dicen que quieren entrar formalmente a la lucha por el poder, no bromean, presionan.

Más allá de estos incidentes mediáticos, lo que es real es que los spots y demás mensajes que buscan el apoyo de los electores no se centran en propuestas sensatas y viables. Ideas generales es lo que predominan, no hay un sólo aterrizaje del cómo lo van hacer. En este sentido las criticas de que 23 millones de mensajes son un exceso son acertadas. Sería preferible dedicarle menos tiempo a los mensajes y más a mesas de debate. Claro, que no interrumpan un importantísimo juego de fútbol o la hazaña nunca antes vista de que un héroe salve al mundo, por lo menos esto es lo último que vi después de los tres minutos de spots políticos.

Finalmente, el IFE tiene la obligación de poner orden en la mesa del juego, si los partidos, y demás actores no directamente involucrados, empiezan a desafiar a la autoridad, tendremos un verdadero problema electoral. El propio IFE debe encausar este primer tramo del proceso electoral: el conocimientos de las propuestas de los partidos y fomentar un sano debate. El cuestionamiento y ataque a las reglas del juego por parte de las televisoras en este momento no fortalece nuestra vida democrática.

Publicado en Aguas, 5 de febrero de 2009.

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