jueves, 16 de abril de 2009

Lecciones de democracia



El politólogo italiano Giovanni Sartori tiene un nuevo libro: La democracia en treinta lecciones, bajo el sello de Taurus . El libro recopila los mensajes de una serie de cápsulas hechas para la televisora italiana RaiSat Extra. La primera parte del libro justifica su existencia. En palabras de Lorenza Foschini, quien convenció a Sartori del proyecto, el objetivo del mismo fue: “...ofrecer al público una oportunidad de reflexión y de aprendizaje sin llegar a asustarlo” (p. 11). En este sentido se trataba de “...pedir un esfuerzo excesivo a un público que se ha vuelto cada vez más perezoso por tantos programas estúpidos, y sobre todo repetitivos...” (p. 10).
De esta manera el libro no está pensado para ilustrar con nuevos hallazgos teóricos o empíricos de la democracia a un público poco interesado en los asuntos de política. Se trata de un libro con intenciones pedagógicas, pero sin caer en lo coloquial. Sartori ilustra al lector sobre temas de primer orden, que pondrían a los lectores en la posibilidad de apreciar y hasta de interactuar mejor con el sistema de gobierno democrático.
Son, como el título del libro lo indica, treinta lecciones, treinta temas que en no más de tres minutos en televisión, y en poco páginas, el autor va poniendo en orden los conceptos que giran en torno a la vida democrática.
Me detengo en la lección de participación que es inherente a la democracia. Hay quienes circunscriben a la participación únicamente en el acto de votar, de una democracia de procedimiento, de técnica, computar votos y designar puestos con base a reglas de mayoría y de proporcionalidad. Sartori afirma que la democracia electoral no es muy exigente, pues de esa manera la democracia consistiría únicamente en elegir a quienes definirán los problemas y los atenderán en consecuencia. La democracia como participación, no sólo como elección, es más demandante, pues supone que los ciudadanos también estarían definiendo los temas y no sólo delegándolos. Claro, esto trae otros retos por resolver y que remiten a cuestiones fundamentales de organización: ¿Se puede organizar la totalidad de la ciudadanos para definir estos problemas? ¿Cómo lo haría? ¿No sería más fácil seguir delegando responsabilidades a unos pocos?
Sartori ofrece elementos para entender un poco más el asunto y ayuda a responder. Para él participación “es tomar parte activa, voluntaria y personalmente” (p. 35). Este es un argumento que se escucha con frecuencia a los institutos electorales y que como se ha mencionado, limitan la democracia a lo electoral: “vaya a votar y usted ya es democrático”, es la sensación que queda con el tipo de promoción que hacen del voto. Pero retomemos la definición de Sartori. Al decir que la participación es voluntaria está diciendo que la persona debe actuar por sí misma y no movilizada por otros, sobre todo por quienes pueden hacerlo, los poderosos. De lo contrario no tenemos participación genuina, sino movilización a través de mecanismos como el clientelismo.
Es imposible que todos se interesen por todos los asuntos públicos y en todas sus formas. Se estaría buscando un ideal muy grande y la decepción del sistema democrático sería inevitable. Hay una realidad política dominada por elites cada vez más ambiciosas y que quieren reducir la participación de la gente a su mínima expresión: entre menos se les estorbe es mejor para ellos. Los extremos son los que se deben de evitar, el justo medio, como hubiera aconsejado Aristóteles, es el mejor camino.
Una participación genuina y motivada más por el interés del beneficio común y no sólo por la utilidad inmediata. Una participación que se involucre en la eficiencia del gobierno, en resolver los problemas públicos. Una clase gobernante controlada por la participación ciudadana. Como bien dice Sartori, conceptualmente es peligroso concebir “a un ciudadano que vive para servir a la democracia, en lugar de una democracia que existe para servir al ciudadano” (p. 37).
La reflexión general de Sartori es que la democracia es perfectible, que no se puede abandonar esta forma de gobierno sólo porque las cosas no han salido de la mejor manera. En la última lección que se llama “Por desgracia, he terminado”, afirma que el problema no está en la maquinaria democrática, sino en el maquinista. Y se refiere al hombre-masa de José Ortega y Gasset, ese niño malcriado e ingrato que “recibe en herencia unos beneficios que no merece y que, por consiguiente, no aprecia” (p. 144).
El gobierno se está empeñando en que recordemos que recibimos como herencia hace casi doscientos años independencia, patria, y hace casi cien años la posibilidad de tener un régimen verdaderamente democrático. ¿Qué tan mimado y malcriados seremos? ¿Qué tan indolentes seguiremos siendo como para dilapidar las oportunidades de mejorar nuestra maquinaria democrática? ¿Los jóvenes sabrán aprovechar su oportunidad? Sartori, se despide en el libro deseándonos buena suerte.
Por cierto, pregunté por el libro en varias librerías de Aguascalientes, y ya saben cual fue la respuesta

Publicado en el diario Aguas, 16 de abril de 2009.
Foto: JAL.

3 comentarios:

Tercera Opinión dijo...

A lo mejor la democracia actual se puede resumir en unas pocas líneas.

Te invito a leer mi pequeño artículo:
El talón de Aquiles de la democracia

http://www.terceraopinion.net/2009/04/26/talon-aquiles-democracia/

Un saludo.

Jesús Aguilar López dijo...

Gracias por el comentario. Visitaré tu página. Saludos.

Jesús Aguilar López dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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