jueves, 19 de febrero de 2009

Gobernabilidad fallida



El Estado mexicano no está en el supuesto teórico, ni práctico, de Estado fallido como ya algunos analistas serios lo han explicado. Pero lo que sí se deja palpar es la poca capacidad de las autoridades de generar gobernabilidad. La gobernabilidad o gobernanza es definida por la Real Academia de la Lengua Española de una manera sencilla y didáctica: “Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía”. Interesante la definición porque habla de arte, es decir, no se trata simplemente de seguir un manual, que en este caso sería la ley, la Constitución, sino de aplicar las reglas del juego de manera inteligente y brillante para poder conseguir los objetivos de desarrollo de cualquier sociedad. Evidentemente, el arte o esta capacidad virtuoso no se encuentra en todos los tomadores de decisiones, en los gobernantes. Lo que hay en muchos de los casos es un grupo nada artístico y más bien mezquino que no respeta la norma (aunque diga que lo hace) para sacar provecho para su grupo.

Queda bajo este contexto evidenciado la poca gobernanza que existe en México en estos momentos. Por ejemplo, la creciente fuerza de la delincuencia organizada (secuestradores, asaltantes, narcotráfico, etcétera), y ante ello el presidente de la república prefiere, como lo hizo Vicente Fox, crear su propia realidad, ¿quién le puede creer que los delincuentes están desesperados? O bien, que un miembro de su gabinete culpe a los medios de comunicación por la mala imagen turística del país. O bien, la que ha sido la más extraña; el indirecto reclamo de Felipe Calderón al segundo hombre más rico del mundo de las advertencias “catastrofistas” para el país. El presidente está más cercano en estos momentos a la figura de Fox que a la de un estadista. Y en este sentido es sano recordad que un estadista es un gobernante con experiencia, que puede ver más allá de los intereses de grupo, aún de su propio grupo y dirigir a buen puerto a la sociedad, al país que dirige.

Otro ejemplo que ilustra la poca capacidad de dirigir instituciones en México es la facilidad con la que las dos grandes televisoras mexicanas han burlado la ley electoral, a la institución electoral mexicana y están en proceso de doblegar a los legisladores para aminorar la capacidad de sensación del IFE (ya lo hicieron con los senadores, siguen los diputados). Es realmente preocupante la gran fuerza que tienen los grupos de interés, ya convertidos en grupos de presión y de chantaje. Más preocupante aún es que el Estado no tenga la suficiente fuerza para poder limitarlos. 

No sabemos hasta dónde la capacidad de las instituciones públicas, que forman al Estado mexicano en su dimensión de gobierno, logren atemperar las acciones agresivas de los grupos fácticos de poder. La sociedad, los no organizados, que son la mayoría, son en este sentido meros espectadores de un juego en el que el equipo que los debiera representar y defender (los partidos políticos, el gobierno) sospechosamente se deja meter los goles.

Por lo tanto, la gobernabilidad, ese equilibrio y dirección entre los diferentes actores  en una Estado están a la deriva.

No obstante ello, las elecciones están siendo tomadas por los partidos políticos como un único trámite para acceder al poder, eso está bien si se considera que desplazan a la violencia u otra forma no pacífica y legal para llegar al poder, pero el problema es ese, se está dejando a los procesos electorales como momentos aislados en los que la gente se acerca a una mampara para tomar una decisión que favorece a una o varias opciones políticas, pero no se le rinde en ningún momento una rendición de cuentas real que lleve consigo la responsabilidad de los éxitos o fracasos de la administración.

Los mexicanos tienen por lo menos ocho opciones políticas, tal vez menos por cuestión de las alianzas, el problema no es quien de ellos tiene las mejores propuestas, sino cuál de ellos ofrece más elementos de gobernabilidad para el país.


Foto: El Universal.

Publicado en Aguas, 19 de febrero de 2009.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Las elecciones son noticia

Las elecciones por fin son noticia pero no por la armonía de sus actores sino por un conflicto de intereses. Es indudable la capacidad de influencia que tienen los medios de comunicación en una sociedad. Se dice con frecuencia que la información es poder. Nadie puede poner en duda esta idea. El problema radica en que los medios masivos han utilizado su función informativa como medio para presionar a los poderes públicos y sus instituciones. El caso más reciente es la manipulación que están haciendo de los tiempos oficiales que marca la ley electoral para crear un ambiente adverso a los partidos políticos y al órgano electoral. Están actuando en contra de dos instituciones democráticas básicas.

Hay que recordar que las reformas electorales de 2007-2008 fueron producto del conflicto electoral de 2006. La premisa de desterrar la desconfianza de los procesos electorales no se cumplió a cabalidad. En aquella campaña los medios de comunicación jugaron un papel importante, pues se volvieron en los facilitadores de cualquier cantidad de ataques y descalificaciones entre los contendientes, todo ello mermo la confianza de la sociedad hacia los resultados electorales y ha debilitado las capacidades del poder ejecutivo, pues a la fecha se sigue lidiando con la legitimidad de su mandato.

Por otra parte, la compra masiva de espacios en radio y televisión beneficiaba al medio de comunicación. Ahora no, de acuerdo al nuevo código electoral las televisoras tienen prohibido hacer negocio con las campañas: los tiempos en radio y televisión son administrados por el Instituto Federal Electoral (IFE). Y como todo grupo que ve afectado sus intereses reacciona para tratar de recuperar sus privilegios.

El pasado fin de semana varios eventos televisivos de alta audiencia fueron interrumpidos con spots de los partidos políticos y del Instituto Federal Electoral. En ese momento, para quien disfrutaba la trama del espectáculo deportivo, película o caricatura fue irritante perder la continuidad de su experiencia televisiva. El enojo es lo más natural. La televisoras, particularmente TV Azteca, se dedico a atizar el fuego en sus diferentes noticieros. Con todo dolo afirmaban que los responsables de dichas interrupciones eran los partidos políticos y el IFE. Ocultaban el hecho de que la ley electoral no faculta en ningún momento al IFE, o a partidos políticos, a fijar determinadas horas de transmisión de los spots, sólo el tiempo general por día (48 minutos) y la distribución por hora (de dos a tres minutos). Es decir, que dentro de estos parámetros la medios son libres y responsables de transmitir los mensajes en el horario que a ellos mejor les convenga, sin la necesidad de cortar abruptamente sus propias transmisiones. Obviamente sabían lo que estaban haciendo.

Por lo anterior el IFE a hecho un requerimiento a las televisoras para que expliquen estas actitudes atípicas (Televisa, TV Azteca, Cablevisión, Sky). Se les dio un plazo máximo de 24 horas. Las televisoras ya manifestaron que no darán explicación alguna. Será responsabilidad del propio IFE, como árbitro electoral, analizar si procede o no sancionar. Tal vez esto último es lo que quieren las televisoras para terminar de tener argumentos de que se está atentando en contra de la libertad de expresión.

El problema de fondo es que las televisoras se han visto afectadas en sus intereses, tanto económico como políticos, y se resisten a perder lo que tanto les había redituado. Es probable que sigan con este juego de interrumpir deliberadamente sus propios programas para generar la presión social que quieren para que las reglas electorales que no les favorecen cambien, no para este proceso electoral, sino para la elección presidencial del 2012. En todo caso, somos testigos de una lucha por el poder, no el de las curules en el Congreso, donde está legalmente representado el poder de los mexicanos, sino de la capacidad de chantaje que tienen, desde siempre, los medios de comunicación. Algo parecido pasa con la la iglesia católica que en últimas fechas se ha manifestado en contra de las capacidades del Estado para resolver los problemas, ellos dicen que quieren entrar formalmente a la lucha por el poder, no bromean, presionan.

Más allá de estos incidentes mediáticos, lo que es real es que los spots y demás mensajes que buscan el apoyo de los electores no se centran en propuestas sensatas y viables. Ideas generales es lo que predominan, no hay un sólo aterrizaje del cómo lo van hacer. En este sentido las criticas de que 23 millones de mensajes son un exceso son acertadas. Sería preferible dedicarle menos tiempo a los mensajes y más a mesas de debate. Claro, que no interrumpan un importantísimo juego de fútbol o la hazaña nunca antes vista de que un héroe salve al mundo, por lo menos esto es lo último que vi después de los tres minutos de spots políticos.

Finalmente, el IFE tiene la obligación de poner orden en la mesa del juego, si los partidos, y demás actores no directamente involucrados, empiezan a desafiar a la autoridad, tendremos un verdadero problema electoral. El propio IFE debe encausar este primer tramo del proceso electoral: el conocimientos de las propuestas de los partidos y fomentar un sano debate. El cuestionamiento y ataque a las reglas del juego por parte de las televisoras en este momento no fortalece nuestra vida democrática.

Publicado en Aguas, 5 de febrero de 2009.

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