jueves, 8 de enero de 2009

¿Para quién se gobierna?

En una colaboración de noviembre del 2007 escribí acerca de los resultados que ofreció el Latinobarómetro: un estudio que realiza una serie de mediciones acerca de la democracia y sus diversas dimensiones. Corresponde ahora hacer algunas reflexiones de los resultados del 2008.

La pregunta que sirve de título para este artículo es lo que quiero resaltar en primer lugar. El cuestionamiento lo hizo Gabriel Almond y Sidney Verba. La democracia, por definición, es un régimen de gobierno que supone que el poder lo ejerce el pueblo y que por mecanismos de representación se eligen autoridades que deben servir, gobernar, al mismo pueblo. Pero ¿qué opina la gente al respecto? El resultado a nivel Latinoamérica  es que el 70% de los entrevistados, en los 18 países medidos, piensa que los gobiernos “democráticos” sirven sólo a los poderosos. Desde el 2004 en el que se empezó a considerar esta pregunta los porcentajes no han variado. Para el caso particular de México el porcentaje de personas que piensa que sólo se gobierna para un pequeño grupo está muy por encima de la media: 79%.

Esto se entiende mejor si se observa la percepción que se tiene de la corrupción. Se hizo la siguiente pregunta: Imagínese que el total de los funcionarios públicos en México fueran 100 y Ud. tuviera que decir cuántos de esos 100 cree que son corruptos. ¿Cuántos diría Ud. que son corruptos? El promedio nacional es de 73 funcionarios. La media latinoamericana es menor: 68.6. Este resultado por sí sólo pone en duda toda la propaganda oficial y los esfuerzos de transparentar el ejercicio del poder público. Claro, los ciudadanos también son parte del problema la no denunciar y reproducir prácticas fuera de los esquemas legales.

En esta misma tesitura, las instituciones públicas democráticas que deben de promover y ejercer los valores democráticos continúan en los mismos estándares de desconfianza entre la gente. En general, para Latinoamericana, el resultado no es alentador, y así ha permanecido por varios años, el promedio es de 21% de personas que confían mucho o algo en los partidos políticos. En el 2007 sólo 24% de los entrevistados en nuestro país confiaban, para el año que acaba de concluir el porcentaje es menor, sólo el 17% confía en los partidos políticos. Este dato ayuda a entender el por qué del abstencionismo en los procesos electorales. Claro, habría que indagar por las razones de la desconfianza, algo que rebasa a este artículo, quede aquí sólo los apuntes para la reflexión.

Resulta también interesante observar que la confianza que tiene la gente hacia el gobierno es un porcentaje un poco mayor a la que se registra para los partidos políticos, pero es realmente bajo: 36% confía en el gobierno en México, le promedio latinoamericano es de 44%. 

La participación política está llena de contrastes en la región. Mientras que en República Dominicana el 31% de los entrevistados afirmó que participaba políticamente, en Chile sólo se registró un 3%. En México tenemos un 9% de ciudadanos que dicen participar en cuestiones de política. Tal vez estas diferencias entre uno y otro país se deben al evidente diversidad de culturas e incluso a un problema en la forma de medir, pues el concepto de participación política es demasiado abstracto. 

La idea de que no es posible influir en las cosas para que cambien (un característica básica de la cultura parroquial descrita por Almond y Verba) está muy presente en nuestro país. Casi una cuarta de los mexicanos (23%) no se siente con la capacidad de influir. Solamente Chile está por encima de nosotros en cuanto a este porcentaje (27%).

Finalmente, el fantasma del autoritarismo no se aleja, no desaparece. El 53% de los latinoamericanos entrevistados no le importaría el que llegue un gobierno no democrático al poder si pudiera resolver los problemas económicos. México registra el 61% de las opiniones en el mismo sentido.

El apoyo y la satisfacción con la democracia están a la baja en nuestro país. En cuanto el apoyo a la democracia ha bajado(quienes prefieren a la democracia a cualquier otra forma de gobierno), en el 2006 el 54% apoyaba la democracia, en el 2007 el 48%, y en el 2008 el 43%: una caída de 11%. 

En esta misma linea, la satisfacción con la democracia también baja: Del 2006 al 2007 hubo una descenso importante: de 41% a 31%. Algo se está haciendo realmente mal porque el 2008 registra nuevamente una caída importante, pues sólo el 23% de los entrevistados dijo que se siente satisfecho con la democracia.

Antes que nada hay que recalcar que la medición mide opinión a través de cuestionario que se aplican de manera rápida y sin mayor profundización, es decir, habría qué indagar a fondo sobre lo que realmente está entendiendo la gente por el apoyo y la satisfacción por la democracia para evitar cualquier alarmismo. Lo cierto es que hay un indicador que nos dice claramente que la democracia no está en su mejor momento, por lo menos en nuestro país. 

¿Qué tanto pesó ha tenido el conflicto electoral del 2006 en estos porcentajes, la crisis financiera, los problemas de seguridad? ¿Qué tanta responsabilidad tiene la clase política? El 2009 es año electoral para nuestro país, será una nueva oportunidad para construir sólidamente nuestra democracia.


Publicado en Aguas, 8 de enero de 2009.


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