viernes, 23 de noviembre de 2007

Consolidación democrática

La democracia es un concepto abstracto que se utiliza para señalar una serie de procesos sociales y políticos, que en términos simples se refiere a esa realidad que tiene qué ver con los procedimientos técnicos y políticos mediante los cuales la sociedad de un Estado elige a sus gobernantes, y bajo esta naturaleza de origen las autoridades encumbradas por el pueblo deben gobernar con reglas también democráticas; es decir, surge del pueblo para servir al pueblo.

Los procesos democráticos, en consecuencia, se manifiestan de diversas formas dependiendo de sus elementos básicos: el tipo de sociedad que existe en un país, la cultura predominante en ellos, su nivel económico, sus creencias, su capacidad para organizarse y para participar, entre otras. Es lógico entonces entender que el tipo de instituciones que se tengan en ese país también serán diferentes, dependiendo de cómo se construya el entramado social. Se puede lanzar la hipótesis de que una sociedad que se interesa poco en los problemas públicos y que no quiere organizarse con los demás para solucionarlos, generará un terreno propicio para que los gobernantes actúen de manera poco responsable o comprometida con la sociedad, y además, que la sociedad se aleje de los problemas públicos puede estar alentado por el gobernante, que desea que el público al cual se debe esté más interesado en frivolidades de todo tipo que en los asuntos que le deben preocupar, como la calidad de la educación que reciben sus hijos o la transparencia con que manejan los recursos los gobernantes, ya que los recursos con las que cuenta el Estado no es otra cosa que los impuestos que paga la misma sociedad.

Como se puede observar el problema de la democracia es bastante complejo, y merece una constante revisión. No hay que distraernos de lo fundamental, aunque a veces los malos gobernantes y los poderes fácticos así lo desean por convenir a sus intereses.

A nivel internacional y en nuestra región, la organización civil Corporativo Latinobarómetro (con sede en Chile) realiza desde 1995 una serie de encuestas en 18 países latinoamericanos, entre los cuales se encuentra México; el estudio lleva el mismo nombre de la organización Latinobarómetro, y en este mes de noviembre se ha dado a conocer el informe correspondiente a 2007. Dicho estudio logra pulsar por medio de encuestas a una población de aproximadamente 527 millones de ciudadanos. Muchos de los resultados y de las conclusiones a las que llega el estudio son bastante interesantes y sugerentes para entender la realidad democrática de nuestra región.

Una de las principales conclusiones a las que se llega, desde el ángulo netamente teórico, es que las ciencias sociales, con sus herramientas actuales y por haber nacido en contextos desligados de nuestra realidad social y política están rebasadas para poder explicar el fenómeno democrático actual. Y esto es real, a lo menos si se observan los planteamientos teóricos actuales, ninguno sirve para entender en toda su complejidad el fenómeno, por lo que se requiere revisar los conceptos y herramientas metodológicos y a partir de ahí dar explicaciones más completas.
El Latinobarómetro analiza la variable económica, matizando su rol en la consolidación democrática. Por un lado es notorio el desencanto que hay de la política de menos Estado y más mercado que marcó el Consenso de Washington; no hay ni un solo país que haya tenido un éxito tal que pudiera orientar de manera definitiva a que otros continúen por ese camino como el único para solucionar los problema del subdesarrollo en la región. En contraparte, se ha generado un consenso nuevo: el Consenso de Washington no sirvió.

No obstante ello, y aquí está lo interesante, los procesos democráticos siguen. Los procesos políticos tienen una lógica separada de los procesos económicos -afirma el estudio-. O visto de otra forma, a pesar de los descalabros económicos, se sigue teniendo confianza en el sistema democrático. No se ha dado una regresión a regímenes autoritarios hasta este momento; el único país que se sale de este esquema es Venezuela. La conclusión del informe de alguna manera es ésta: «La democracia no se derrumba, pero no se consolida. Está ahí.» Parece que nos conformamos con poco, pero a lo menos seguimos por el camino correcto.

El caso mexicano sirve de ejemplo para analizar la idea anterior. De acuerdo con los hallazgos de la encuesta, se revela un marcado descenso en el apoyo hacia la democracia en apenas un año. En el 2006 el 54% de los mexicanos afirmaba que prefería la democracia en lugar de cualquier otra forma de gobierno; en el 2007 esa opinión la tienen sólo el 48% (bajó 6 puntos porcentuales); en el 2006, 41% de los encuestados está satisfecho con la democracia; en este año sólo el 31% está satisfecho (bajó 10 puntos porcentuales). Lo dicho, la democracia no se consolida, no se derrumba, pero sigue ahí. Pero por los resultados de esta encuesta debemos preocuparnos y hacer algo.

Robert Putnam, cientista político estadounidense, lanzó la hipótesis de que la ausencia de participación de las personas es lo que no permite que se consolide la democracia en los países. El camino es éste, no hay duda, necesitamos más ciudadanos politizados; es decir, gente que tome acciones para mejorar la vida en sociedad. Es así de sencillo. Sin embargo, los índices de participación son muy bajos; de acuerdo al Latinoabarómetro en México sólo el 12% de los encuestados ha participados en política, y apenas el 17% ha tenido algún tipo de participación social. Porcentajes claramente bajos.

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