viernes, 4 de abril de 2008

Sin confianza no hay cambios


La empresa encuestadora que dirige Roy Campos, Consulta Mitofsky, ha dado a conocer nuevamente los resultados de su medición sobre confianza en las instituciones. Pero antes de dar un comentario acerca de estos datos, es necesario hacer una reflexión del concepto para entender mejor la importancia de medirlo en un contexto como el mexicano.

El concepto de confianza política es un supuesto fundamental desarrollado en la historia y la teoría de las ideas angloamericanas. De acuerdo con Suzanne S. Shüttemeyer, una entidad política común democrática no es posible sin confianza. Las relaciones de representación en la democracia requieren de la confianza política de los ciudadanos en las «ideas regulativas» de la sociedad política, de los actores e instituciones políticas.

La pregunta pertinente sería entonces ¿cómo se gana o pierde la confianza? Metodológicamente hablando es difícil desarrollar un mecanismo para tener certeza de qué causas generan este elemento. Pero en la línea del sentido común, habría que pensar ¿qué hace que una persona confíe en otra? ¿Qué hace que una empresa con la que contratamos un servicio gane nuestra confianza? En términos llanos, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a la confianza como la «esperanza firme que se tiene de alguien o algo».
 
Por ejemplo, si usted espera que el gobierno federal resuelva el problema del narcotráfico, es porque concede cierto nivel de confianza en los políticos responsables de la seguridad pública. En consecuencia, en un contexto de confianza, los gobernantes tienen un margen de apoyo social para poder actuar, incluso de tomar ciertas medidas que en un contexto de desconfianza no se podrían realizar. Es decir, para que un órgano de gobierno pueda trabajar de manera eficiente se requiere no sólo del sustento legal, sino de la legitimidad que da la confianza, la esperanza de que se harán bien las cosas.

El estudio de Consulta Mitofsky agrupa a las instituciones medidas en tres grandes grupos de acuerdo con el nivel de confianza registrado. Con confianza alta se encuentran las universidades (7.9), Iglesia (7.9), Ejército (7.8), y medios de comunicación (7.5). Registrando una confianza media están los bancos (6.9), IFE (6.9), empresarios (6.8), el presidente de la república (6.8), y la Suprema Corte de Justicia (6.7). En el grupo de confianza baja se encuentran los diputados (5.9), senadores (5.9), sindicatos (5.9), policía (5.8), y en el fondo, los partidos políticos (5.5). Cabe señalar que en el fraseo de la pregunta 10 significa mucha confianza y 0 nada de confianza.

Visto de esta manera ninguna institución medida tiene calificaciones excelentes o muy buenas (10 y 9). No obstante, una calificación promedio que se acerca al 8, en términos de las exigencias sociales es más que aceptable para considerar que una institución goza del suficiente apoyo social para realizar sus tareas. Es alentador en este sentido que los mexicanos confíen en sus instituciones de educación superior. Asimismo, es relevante que una institución dedicada a cuestiones de creencias religiosas goce de un nivel de confianza similar a las instituciones que se dedican a cuestiones de ciencia y tecnología.

En el otro extremo están los partidos políticos con un nivel de confianza malo, y como dice el estudio, por las fechas del levantamiento, no se alcanza a registrar el impacto del poco éxito de la renovación de dirigencia del Partido de la Revolución Democrática y el Partido Socialdemócrata (ya sin Alternativa). Los partidos políticos son la fuente con la que se nutren las instituciones de gobierno: el Poder Legislativo, el Ejecutivo. ¿Qué pasa con los partidos políticos? ¿Por qué la gente confía poco en ellos? ¿Es por la incapacidad de generar cuadros de políticos que generen soluciones efectivas para el país? ¿La pésima actuación de algunos de sus miembros? Pese a todo ello, a los partidos políticos parece no preocuparles esta situación, no se dan ni siquiera los escarmientos aislados pero ejemplares. En otros países el concepto ética política tiene sentido y han caído gobernantes por su falta de congruencia y honestidad; aquí en México tenemos una larga lista de políticos que a pesar de ser expuestos públicamente en actos ilícitos o controversiales continúan en sus puestos, unos verdaderos sinvergüenzas; el último de ellos es Juan Camilo Mouriño.

En esta tesitura, la Presidencia de la República se encuentra en un constante cuestionamiento de su legalidad y legitimidad. A pesar de ello, esta institución se ha embarcado en más de una empresa política encontrando oposición por varios flancos, logrando en consecuencia resultados de mediano alcance: reforma hacendaria, electoral. En estos momentos, la Presidencia de la República está en el proceso de realizar una reforma importante en el tema energético, y como ya se ha mencionado en otros artículos, hablar de petróleo es tocar fibras muy sensibles del nacionalismo mexicano, de la soberanía. Por lo que el presidente de la república necesita de niveles más que aceptables de confianza política para poder concretar cualquier cambio, por menor que sea, al régimen de Petróleos Mexicanos.
 
En este sentido Alejandro Moreno, del Grupo Reforma, da a conocer en esta semana el resultado de una encuesta nacional vía telefónica sobre el tema de la reforma energética. De acuerdo con la encuesta, 46% de los encuestados afirmó que no se atenta contra la soberanía nacional si Pemex hace alianzas con empresas extranjeras para explotar yacimientos en el fondo del mar, en la contraparte de los que creen que sí se afecta la soberanía están el 47%. De acuerdo con la medición hay un empate, una polarización.

En conclusión, ¿bastarán a la presidencia 6.8 puntos de confianza para realizar los cambios? Parece que no, y por ello ha echado mano de spots para manipular opiniones. Lo que no te da la confianza, te lo da el spot. Esa puede ser la premisa con la que actúa la presidencia.

Publicado en diario Aguas (3/04/2008).

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