jueves, 18 de diciembre de 2008

El mejor regalo

Desde hace tiempo la época navideña ha perdido algo de sentido, su aura religiosa es lo que menos se percibe o lo que le gente menos procura. La fase de solidaridad laica también se pierde.  Y en medio de esto nunca falta el funcionario público que cierre un mensaje de fin de año diciendo que “Dios los bendiga”. Particularmente las dudas que surgen, o que yo tengo, son ¿qué sentido tiene celebrar cuando no hay verdadero motivo? ¿Cómo el sistema de mercado anula las preocupaciones sociales y las transforma en apoyo para diferentes actores políticos? ¿El “espíritu” navideño puede más que cualquier crisis? En todo caso, hay una transformación social que los sociólogos, antropólogos y demás estudiosos de lo social se abocaran para dar explicaciones.

En medio de los “festejos” de fin de año se presenta un verdadero Grinch: la crisis financiera. El fenómeno que surge de un pésimo manejo de los dineros en los Estados Unidos se está traduciendo en un crisis mundial, y para los mexicanos poco a poco, o tal vez de golpe para muchos, en una crisis real: se han quedado sin empleo y no encuentra uno, está totalmente endeudada, salario, aguinaldo y demás percepciones monetarias están pulverizada ante la inflación (la caritativa ayuda de los comerciantes: subir los precios). 

Ignoro hasta dónde esta época de compras no lo sea por culpa de la crisis. La situación amerita una verdadera actitud de cautela y moderación en los gastos. Pese a ello, aún hay quienes cuentan con suficientes tarjetas de créditos que les puede sacar del apuro de no regalar o estrenar lo que sea. 

Bajo la opinión de economistas, y demás analistas una mala época de ventas se traduce en otras cosas: una mayor desaceleración  de la economía, mayor desempleo .Suena y es paradójico, pero el sistema funciona bajo la premisa de compró y luego existo. El ahorro como forma de vida no está de moda.

Los efectos de la crisis financiera también pueden repercutir en otras esferas, como la política. Una crisis política en el sentido de que la sociedad, en su mayoría, vea poca o nula capacidad de la clase política para resolver la demanda básica de tener un empleo para llevar pan y vestido a los hogares,  y tener una mínima esperanza de prosperidad sin estar eternamente endeudado. 

En este sentido no deja de ser contrastante los resultados que dio a conocer Consulta Mitofsky, pues el estudio que evalúa al presidente asegura que Felipe Calderón no se ha visto afectado en sus porcentajes de aceptación (61.3%) ha causa de la mencionada crisis - y de las otras-. El estudio afirma que la gente no lo percibe como culpable, bien por él. Pero la pregunta obligada es ¿eso ayuda a mejorar las condiciones de vida de la gente? Claro que no. La encuesta corresponde al mes de noviembre, habrá que observar cómo se comporta la opinión de la gente en próximos meses.

La cuestión electoral también será receptora de los efectos de la crisis financiera y de seguridad, las dos muy sensibles en cuanto al bienestar social se refiere. Más allá de mencionar cifras de resultados y hacer comparaciones, el hecho es que la antes llamada oposición que criticaba acremente a los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ahora se encuentran, desde su posición como partidos en el gobierno, en circunstancias igualmente criticables. Lo interesante es que el PRI, el partido que muchos daban por muerto en el 2000, sigue vivo, y las encuestas, que sólo son eso, lo ponen como uno de los partidos con mejores perspectivas electorales para las próximas elecciones. Ante esto hay que preguntar acerca de qué ha hecho bien el PRI para recuperar la confianza perdida.

Hay que puntualizar también el hecho de que los partidos antes de oposición tengan serios problemas para resolver los problemas no exime al PRI de responsabilidades. Es un hecho que este país no lo gobierna un solo partido, en todo caso, todos son responsables. Lo que habría que recalcar es que el cambio político, social y económico no se nota mucho.

El próximo año será de retos importantes para nuestra clase política: superar la crisis económica y de seguridad (ya ni mencionar los problemas en el campo, salud, educación y otros). Estos dos temas serán los que van a marcar el debate electoral. Ojalá (y aquí entramos al terreno ético del deber ser) la clase política por fin muestre un verdadero cambio y dejen la demagogia y el cinismo como única forma de alcanzar el poder. En todo caso, este es el mejor regalo que nos pueden hacer los hombres en el poder.


Publicado en Aguas, 18 de diciembre de 2008.

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