miércoles, 3 de diciembre de 2008

Los retos en seguridad


Se tiene en la celebración de los informes de gobierno y en los años cumplidos en el poder un buen pretexto para reflexionar sobre lo que está en el fondo de los problemas. 

El gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa se ha desarrollado en escenarios siempre difíciles, y parece que los problemas no se resuelven sino que se agravan. Si bien con el paso del tiempo y con un buen manejo de los medios de comunicación masivos pudo manipular la opinión pública para acallar, sofocar o sacar de la agenda pública el tema de la legitimidad de la elección del 2006. Asimismo, el azar, o la mala fortuna, hizo que el Presidente se quedara sin uno de sus colaboradores más cercanos; la muerte de su amigo Juan Camilo Mouriño, a quien impuso en la Secretaría de Gobernación a pesar de violentar la constitución en cuanto los requisitos para ocupar ese cargo. 

Pero el tema que ha causado un verdadero dolor de cabeza al presidente es el de la seguridad. Se cumplió la meta de los cien días para dar resultados y el saldo no es nada positivo. En cien días no se resuelven este tipo de problemas. Desde la falta de sentido común para fijar el plazo de la meta las cosas andaban mal. 

La posición reflexiva del gobierno federal de que no se ha resuelto el problema y que incluso no se sabe por dónde empezar a revertirlo es paradójicamente lo único positivo. No se ha adoptado una estrategia triunfalista a partir de pocos y sonados logros. El gobierno federal se ha dado cuenta que a la opinión pública en este tema no se puede manipular, aunque los intentos están ahí con una serie de spots que anuncian los grandes golpes a secuestradores, narcotraficantes y otros grupos delictivos.

Y en ese sentido Aguascalientes se encuentra también en un contexto difícil. En este año el gobierno estatal y municipal ha sido constantemente cuestionado y se le ha exigido que se recupere la paz que antes caracterizaba a la entidad. Lo más peligroso es que la gente se está acostumbrando a escuchar noticias relacionadas con el narcotráfico sin que haya mayores exigencias a los gobernantes para que resuelvan el problema. Como siempre el gobierno saca provecho de la pasividad ciudadana.

En los tres niveles de gobierno se ha llegado al mismo diagnóstico: el crimen organizado no se ha debilitado, los cuerpos de seguridad no están capacitados para realizar sus tareas y existe una fuerte complicidad con los grupos delictivos.

Desde mi punto de vista se han dejado de lado dos elementos que darían un mejor resultado al problema de la inseguridad: el primero de ellos es la entrar con verdadera seriedad al tema del consumo de la droga, pues se habla de cifras de decomiso, de captura de narcotraficantes, de las armas y millones de dólares que se mueven en este negocio ilegal. Pero de lo que no se habla es de los consumidores, al final de cuentas quienes hacen que se compren armas, se paguen sobornos y hasta ejecuciones son obtenidos de los ciudadanos que pagan por ese producto. No he visto una sola nota que recalque que se detuvieron a un número importante de consumidores o que un porcentaje importante de adictos han dejado de consumir droga por los grandes golpes al narcotráfico. Insisto, es un problema que debe ser abordado con seriedad, si sólo se atiende al problema por el lado del proveedor de la droga pero no del consumidor es porque no quiere ver la realidad. Los ciudadanos quieren un gobierno que atienda los problemas espinosos y que asuma las consecuencias de lo que puede ser la impopularidad en ciertos grupos conservadores o contrarios a ciertas medidas. Hacer creer a la gente que con más dinero en las fuerzas públicas se soluciona el problema del consumo de droga es una irresponsabilidad.

El otro elemento que ayudaría a resolver en buena parte el problema de inseguridad en nuestro país es fortalecer la cultura de la legalidad. El gobierno inadvertidamente  quiere que la gente cumpla la ley “porque es la ley”, una cultura de legalidad a secas, irreflexiva no sirve. Esto se une con lo anterior; si vender y consumir drogas es un delito, por qué el alcohol y el cigarro que también son drogas se venden y consumen sin que se consideren un delito. Se trata de que los ciudadanos cumplan las leyes, pero que lo hagan desde una apropiación de la ley, que sientan que realmente cumplir esas reglas ayudan a vivir mejor, y no como una serie de imposiciones que no tienen sentido. 

Finalmente, debe de recalcarse que la desigualdad es un elemento que fomenta el poco respeto a las leyes. Me refiero a la desigualdad no sólo en el ámbito económico, sino también en el educativo, salud y en el resto de servicios básicos para tener una vida digna. Las consecuencias de la crisis financiera, originada en los Estados Unidos, apenas está comenzando, esperamos que el presidente Calderón y toda la clase política estén a la altura de estos retos y que aminoren el impacto para que la desigualdad social y sus consecuencias no sea mayor.


Publicado en diario Aguas, 4 de diciembre de 2008.

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