sábado, 1 de noviembre de 2008

Fragmentos de democracia

El pasado miércoles 15 de octubre se presentó en la Ciudad de México el libro Democracia, Estado y Ciudadanía. Hacia un Estado de y para la Democracia en América Latina, y que representa la continuación del Informe sobre la Democracia en América Latina (2004) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).


El apartado conceptual, teórico, del volumen presentado estuvo a cargo del Guillermo O´Donell, uno de los principales estudiosos del fenómeno democratizador en América Latina. O´Donell junto con otros investigadores coordinó un estudio que dio cuenta de la situación de transformaciones políticas por las que estaban pasando varios países con una situación particular: países con regimenes autoritarios intentaban pasar a un sistema político democrático. El título de la obra es más que adecuado: Transiciones desde un gobierno autoritario. En México el texto tuvo mucha atención por parte de los diferentes cuerpos académicos.


El diagnóstico del investigador argentino acerca de la democracia en los países de América Latina lo sintetiza muy bien en el último párrafo: “…paradoja de paradojas, en América Latina tenemos hoy el mismo logro y promesa de un régimen democrático, pero carecemos de Estado necesario para sostener y expandir ese fragmento de democracia que hemos logrado”. Y aún agrega más: “…en América Latina hemos aprendido que un Estado de baja eficacia, efectividad, credibilidad y filtraje puede coexistir con un régimen de elecciones razonablemente competitivas y con la vigencia de ciertas libertades. Pero este es un Estado que, por débil y angosto, no funciona como impulsor de la conquista de los derechos de los ciudadanos implicados y reclamados por la democracia”.

En otras palabras, y parece ser estala sentencia: un Estado que crea desigualdad es impotente para democratizar. En el mismo volumen, el economista Bernardo Kliksberg, apunta que en 2004 el Banco Mundial en su informe sobre desigualdad plantea que América Latina sufre de una enorme desigualdad. Se le cataloga como un fenómeno invasor de cada aspecto de la vida: educación, salud, servicios públicos, participación e influencia política, entre otros.


Bastan estos pocos apuntes para entender que el caso mexicano está más que inmerso en esta dinámica. Todos los elementos y estructuras del Estado mexicanos padecen de diferentes deficiencias en su capacidades y funcionamiento. El problema no es simple, se requiere de una gran convergencia de esfuerzos de los diferentes actores sociales, económicos y políticos para afinar el Estado mexicano.


En un momento de nuestra inacabada transición a la democracia prevaleció la idea de que al tener elecciones libres y una eventual alternancia en el poder serviría para desterrar practicas negativas de los gobernantes como la corrupción, opacidad, nepotismo, prepotencia, ausencia de rendición de cuentas, entre otros. Y que a su vez los ciudadanos tendrían mejores substanciales en su vida: empleo, mejor ingreso, educación de calidad, mejores servicios de salud, entre otros. Pero no, los cambios y mejores no se ven. Lo que se detecta es una decepción de los gobiernos elegidos democráticamente.


La apuesta del estudio es que es el Estado con su modelo de desarrollo económico y social (un modelo de corte neoliberal) es le que está generando este terreno poco propicio para la democracia. En el momento actual de crisis financiera mundial es una obligación casi de carácter moral el revisar a fondo el modelo de Estado que se quiere seguir. El divorcio entre la esfera política y la económica son evidentes: chocan. La ecuación es sencilla, y ya otros la han mencionado: sin desarrollo económico que se traduzca en un desarrollo social hace que democracia no tenga los suficientes incentivos para consolidarse. Pues la democracia no son sólo votos, sino una mejor vida para los ciudadanos.


Cabe entonces la pregunta si el fragmento de democracia que hemos construido a lo largo de varios años pueda resistir la nueva crisis financiera mundial. ¿La pobreza es amenaza para la democracia? Ahora incluso se habla de que la inseguridad en ciertas regiones del país puede inhibir la participación electoral. Y parece obvio, pero si existe un indicador de la debilidad de un Estado, de un gobierno, es que le disputen el monopolio del uso de la fuerza. En una frase se podría decir que la democracia, el fragmento de democracia que tenemos, está asediado. La democracia no es sólo votar y elegir gobernantes, sino que va más allá, es como el propio O´Donell lo dijo: “Se debe de reafirmar la idea de democracia como una visión de la dignidad del ser humano”.


Publicado en diaro Aguas, 30 de octubre de 2008.

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