jueves, 3 de enero de 2008

Reflexiones sobre la lectura


Las sociedades se mueven al ritmo de las tradiciones, de las costumbres, incluso de ritos. Pero también el tránsito de nuevas generaciones, de ciertos hechos, hacen que se vaya modificando ciertas prácticas, aunque lo esencial perdure.

Los mexicanos han demostrado en varias ocasiones que no le agradan los cambios bruscos, todo tiene que ser gradual; es como si no se quisiera agredir a nadie con una transformación radical. Pero de manera silente los mexicanos van transformando sus prácticas y hasta sus ideas.

Pero no todos los cambios derivan en actitudes positivas; por ejemplo, es evidente que la clase media mexicana ha ido creciendo (muy lentamente) y ello repercute en sus hábitos de consumo. Puede consumir un poco más, pero mucho de lo que consume es menos que necesario, sólo basta observar la cantidad de obesos que tiene el país: muchos mexicanos tienen recursos para comer, pero comen muy mal.

Y qué decir del consumo cultural, la oferta televisiva es efectivamente mala y hasta ofensiva para la inteligencia humana. En todas las épocas navideñas las dos grandes televisoras ni por error programaron un evento medianamente cultural, es claro que se le pide peras al olmo. Estas televisoras han cambiado sólo en la intensidad de su desprecio por el telespectador. Cabe advertir que detenerse en el análisis de los contenidos televisivos es de gran importancia, pues la «caja boba» como se le llama en España, es la fuente de información para la mayoría de la gente, y por ende, responsable en buena medida del tipo de ciudadano que tenemos en el país. Los pedagogos lo saben, la televisión llega a sustituir a los profesores y en no pocas ocasiones hasta a los padres en cuestiones de información y orientación a los niños. Cabe entonces preguntar si la televisión mexicana transforma de manera positiva o forma a enajenados consumidores.

El politólogo italiano Giovanni Sartori, en su multicitado «Homo Videns», deja muy en claro esta situación, ya no estamos frente al hombre que piensa, sino frente al hombre que sólo es un espectador, alguien que espera que le den ya digerida la información. En otras palabras, la televisión le evita al telespectador la molestia de pensar y cuestionar, lo importante es que pueda comprar, de lo contrario está fuera de la sociedad, claro, de la sociedad de consumo.

La salida a todo ello no es otra cosa que la lectura, leer libera. El filósofo español Fernando Savater publicó hace algunos años un libro en el que celebra el gusto por la lectura, el título del libro es más que sugerente: «Despierta y lee». Otro libro interesante que entra a la discusión frontal de este problema es el escrito por Karl R. Popper y John Condry: «La televisión es mala maestra», libro en el cual se advierte en la transformación de la televisión en un poder político colosal. Una de las conclusiones es que la televisión tiene mucha influencia y escasos beneficios, además de dotar de una educación equivocada a los niños.

La internet trae por su parte cierta reivindicación de la lectura y hasta de la escritura. Fuerza al usuario a leer instrucciones para interactuar con programas y para leer el contenido de una carta electrónica. En los chats se tiene que ser hábil en responder y mantener una conversación interesante. Pero no se logra ir más allá; es decir, este esporádico uso de la escritura y de la lectura no detona el interés de la persona para pasar a lecturas más elaboradas o la realización de escritos con propósitos comunicativos un poco más ambiciosos. Los blogs que se han puesto de moda en internet adolecen la mayoría de ellos de lo mismo que sufren los libros: falta de lectores. Sin embargo, aunque sea éste un espacio virtual y de poco acceso aún para la mayoría de los mexicanos, ya es ventaja que unos pocos tengan un espacio para expresarse y que se dé la posibilidad al lector de interactuar con el autor.

Y claro, a la internet se le está dando un uso más bien de alternativa para el entretenimiento; al fin de cuentas muchos internautas están convirtiendo su computadora en una extensión de la televisión y no un sustituto de ésta. Se desaprovecha que haya en esa gran red de información bibliotecas digitales, información de diarios gratuita, entre otras virtudes.

Desafortunadamente las nuevas generaciones de niños y futuros ciudadanos están condenados por el medio social, no hay incentivos para leer, vaya no hay estímulos para pensar. En los hogares no se premia la lectura, los libros son unas pesadas losas que cargan los niños hacia la escuela y de regreso, y no más. Por su parte las autoridades escolares han perdido la batalla antes de empezarla porque simplemente no les interesa, son la mayoría de ellos víctimas de su propia pasividad, y no digo nada nuevo: los profesores no leen. Un buen lector siempre quiere compartir su lectura, lo que aprendió de un libro lo transmite y hace lo posible para que otros tengan el mismo placer que tuvo él al leer, y eso simplemente en las aulas mexicanas no pasa, ¿o por qué será que siempre estamos reprobados en comprensión de lectura, si tenemos al sindicato de maestros más podero de Latinoamérica?

La internet y la lectura van a tener durante este 2008 una apuesta que puede ser definitiva para el futuro del libro y obviamente de la lectura, el llamado ipod de los libros: el Kindle de Amazon, pero creo que hay demasiado entusiasmo provocado por la campaña promocional del invento. Se dice que el nuevo aparato puede almacenar hasta doscientos libros, las preguntas que surgen de inmediato serían: ¿cuántos libros lee un mexicano al año? ¿Lee doscientos? ¿Cuántos libros compra al año? ¿Compra doscientos? Y finalmente ¿quién va a gastar 399 dólares (más de 4 mil pesos) en comprar el aparatito?

De cualquier manera no se ve por dónde se pueda cambiar los magros hábitos de lectura de los mexicanos; el programa que inició el gobierno de Vicente Fox «Hacia un país de lectores» terminó muy mal, ahora con el presidente Felipe Calderón, de manera práctica, se han ahorrado simular que les preocupa el tema.
Imagen: Tomada del diario El País (Cultura).
Publicado en el diario Aguas (3/1/2008)

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